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Jorge Guardia | jguardia@nacion.com |
En Guardia
Economista
Hubo una vez un César tico, sabio y núbil, preocupado por la pobreza y distribución del ingreso en su reino. La mujer del César –le decían– no solo debe ser honrada, sino aparentarlo. Pero resulta que el César tico no tenía mujer. La gente, preocupada, quería buscarle una reina (que mandara en sus adentros), sin importar si era honrada o pícara, culta o sencilla, flaca o gordita. Al César, lo que es del César…
En su reino había 4 millones de súbditos. Para esa época antigua, era un montón de gente. Había artesanos, industriales, labradores, bufones, políticos, abogados (en la historia siempre ha habido muchos abogados), pensionados, informáticos, soldados y guardias (ahí estaba yo). Unos eran muy pobres; otros, muy ricos. Un día, molesto, ordenó reducir la pobreza y mejorar la distribución del ingreso. Todos bajamos la vista. ¿Cómo hará para lograrlo?
Poco antes de acceder al poder, allá por el año 2005, un 21,2% de las familias eran pobres y, entre ellas, un 5,6% eran pobreciticas. Entonces, pidió a fray Kevin de las Casas elaborar un plan de desarrollo para reducir la pobreza y mejorar la distribución, que era injusta. Gini, uno de los sabios del reino y famoso por su coeficiente, dijo que la distribución, a la sazón, era del 0,494, buena comparada con otros reinos, pero mala por su inequidad. Y explicó que entre más se acercaba el índice a cero, más equitativa era la distribución; y entre más cerca de 1, más jodida se ponía la cosa.
Pasaron dos años. El manualito del fraile Casas aparentemente funcionó, pues a julio del 2007 la pobreza cayó al 16,7%. ¡Albricias! El César tico se paseaba, eufórico, por los rincones del reino, pero un poco dubitativo. ¿Cuál fue el milagro? No lo podía creer. Entonces, hizo venir a Víctor Hugo y Ronulfo, dos iluminados en temas estadísticos, y dijeron al unísono: producción, inflación y subvención. Esa era la receta. El PIB creció un 6% y generó 96.000 nuevos empleos. Subió el ingreso real de los hogares un 14,1%, la inflación bajó y se otorgaron subsidios a estudiantes y pensionados. ¡Ave, César!, ovacionó la multitud. Y salieron, presurosos, a buscarle, como premio, mujer.
Pero un día antes de la boda, un aguafiestas apodado “merinoenel-río” reveló que la distribución, en vez de mejorar, había retrocedido de 0,494 a 0,513. ¡Torta! Se suspendieron los esponsales. Sufría el César tico, solititico, arrepentido de haber destituido a fray Casas. Y en un acto valeroso, digno de los sabios, prometió al pueblo mantenerse soltero (no necesariamente en abstinencia) hasta mejorar la distribución. ¿Se casará en su administración? Lo sabremos en el próximo capítulo, en julio del 2008.
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