Costa Rica, Lunes 5 de noviembre de 2007

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José Joaquín Fernández C. | jjfernandez@revistaviajes.com

¿Hacia dónde va Manuel Antonio?

 Las moles de cemento no deben destruir el paraíso

Periodista

Hace 20 años, Waldon McDonald clamaba: “¡Debemos conservar esto!”. Se refería al perfil de las bahías que conforman los escenarios de Manuel Antonio y la verde y exuberante floresta que besa el mar. Y las flores esparcidas por doquier que parecían mariposas que volaban entre el lindo paisaje. Entre los árboles frondosos, los monos y las ardillas saltaban de rama en rama; el trinar de los pajaritos te despertaban, el ojo brillante del tucán te miraba y las lagartijas e iguanas tomaban el sol en las veredas.

Era el paraíso y McDonald lo sentía intensamente.

Veinte años después me confiesa: “Manuel Antonio está enfermo, pero tiene cura”. ¿Por qué? La inversión especulativa infla el globo. Encarece el valor de la tierra paradisíaca; entonces se construye para arriba; el árbol sucumbe al cemento, las moles opacan la belleza y el verde de la floresta, ya no es verde ni es floresta; se construye y se construye con desorden aparente.

McDonald sueña con convicción. Conoce bien la medicina para aplicar hoy a Manuel Antonio. Pocos como él lo viven, lo sueñan, lo practican y analizan con visión de futuro. Gerencia un complejo de villas y casas, con muy buena vista al mar; construido entre la floresta, casi en la cresta de las colinas que suben y suben desde el mar. Hay un rumor de aguas de riachuelos que van bajando desde los riscos, sobre la piedra y el musgo, entre el trinar de las aves; entre el tupido follaje; y así, al descender a las pequeñas bahías, forman pequeñas cascadas. En lontananza se divisa la espuma blanca de las olas que besan las playas. Los atardeceres iluminan el paraíso.

Para McDonald, el crecimiento turístico debe respetar la naturaleza. Las fuerzas vivas de la comunidad deben involucrarse seriamente en el problema, porque “este es el legado para nuestros hijos y nietos”. Es innegable que el turismo es hoy el motor de la economía y con ello viene el desarrollo inmobiliario. Pero las moles de cemento no deben destruir el paraíso. En este aspecto tan importante, las comunidades deben de estar alertas para denunciar a los funcionarios corruptos que autorizan construcciones ilegales. Las fuerzas vivas deben involucrarse pues estamos inmersos en el destino de nuestro pueblo.

“El futuro de Costa Rica será verde, o no será”. La reforestación, la “no contaminación”, la protección del recurso hídrico y el amor a la naturaleza deben formar parte de la política turística de Costa Rica. Esto muestra identidad ante el mundo.

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