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Manuel Enrique Solera T. |
Más los conductores…
Hay que atacar la causa del problema, no los síntomas
Estudiante de Economía UCR
Me gustaría hacer unos comentarios acerca de algunos contenidos en el suplementoCaja de Cambios (25/10/07).
Andrés Formoso, en su columnaA todo gas , escribe muy preocupado y consternado porque en nuestro país los carros con frenos ABS, bolsas de aire y control de estabilidad electrónico no son exigidos por el Gobierno, lo cual me recuerda el error común de atacar un problema desde la perspectiva equivocada y hacer enfoque en el medio y no en la causa.
Hay que empezar por recordar que los carros no se manejan solos, así que lo que se debería modificar es el comportamiento equino en las carreteras, con dosis de intolerancia para los que creen que manejar es pisar el acelerador y lo menos que saben es controlar un carro, parquearse o reaccionar ante una emergencia. Precisamente, la utilidad de estos dispositivos bajo estas condiciones es casi nula pues, cuando un carro pierde el centro de gravedad, no hay freno ni ABS que sirva. Mi padre manejó por 30 años un carro que frena con solo 4 tambores, sin frenos de poder u otro auxiliar, y en ese lapso tuvo cero accidentes, así de sencillo. Todo es cuestión de manejar a la defensiva con sentido común.
Conductas y medidas. Pero, claro, como según RTV y algunos jerarcas es peligroso andar un carro con el asiento roto o con el motor sucio, entonces apliquemos ese mismo razonamiento a la hora de solucionar los problemas viales (y no, la tercera luz de freno no es obligatoria, no hace falta para notar que el carro de adelante está frenando). La gente que maneja bumper con bumper en las autopistas, la que no tiene paciencia, la que pita un segundo después de un semáforo en verde y aquellos a quienes sencillamente no les da la gana frenar en las entradas a las autopistas son lo que hay que erradicar de nuestras calles, y multas muy altas, cárcel y revocamiento de licencias son las medidas pertinentes.
Además, en un país de Tercer Mundo como este, con calles vergonzosamente deplorables, señalización mínima y presas por doquier, sería ridículo copiar las políticas de EE.UU. y de Europa. Aquí los policías son buenos para estar revisando si se porta la licencia, pero hacen la vista gorda con el camionero que obstaculiza la intersección o la moto que transita con altos decibeles por media ciudad.
Confío plenamente en que no hay que tener una maravilla de carro para andar seguros; basta con que los frenos, la dirección y las luces estén en buen estado. A mí, personalmente, me gusta el carro sencillo, y no hay por qué exigir a la gente que sabe manejar que consuma carros cada vez más complicados y desechables al mismo tiempo cuando, por un lado, tienen toda la tecnología del caso, casi que solo les falta piloto automático para mitigar el error humano, pero, por otro, el metal desaparece a favor del plástico y el bumper, parte fundamental, es ahora parte de la carrocería.
Como se ve, hay que atacar los problemas que dañen a terceros, no aquellos en los que el único perjudicado podría ser uno mismo.
Mejor medicina. Yo, al igual que las generaciones de 1980 para atrás, me crié en un carro sin cinturones, cuando no existía la silla para bebés, y uno iba a la playa en los regazos de la mamá, sin frenos fuera de serie, sin fusibles en el carro, sin catalizador, y aquí estoy contando el cuento 20 años después de tener uso de razón, porque ese carro tuvo un excelente chofer, no porque fuera un avión con 4 llantas.
Ataquemos el problema de raíz: que el Gobierno vele por atacar sus causas, no por aliviar los síntomas. La prueba de manejo debe ser mucho más dura; es necesario aceptar que no todos tienen la facultad de manejar bien, ya sea por negligencia, incompetencia o inseguridad. Un carro es un arma muy grande. La mejor medicina es cuidar el carro, a los que van con uno y a uno mismo. Políticas como la de hacer obligatorio el casco y el cinturón de seguridad nunca me han convencido; pero eso es harina de otro costal y de otro artículo.
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