Costa Rica, Jueves 1 de noviembre de 2007

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EDITORIAL

Fernández y el futuro argentino

 Su amplio triunfo da a la Primera Dama sólidas bases para avanzar

 Su éxito gubernamental dependerá, en parte, de corregir vicios de su esposo

Como abanderada de una heterogénea alianza política, con su partido Justicialista (peronista) y disidentes del Radical como ejes, la senadora y primera dama argentina Cristina Fernández de Kirchner fue protagonista, el pasado domingo, de tres grandes logros: ser elegida Presidenta por el mayor porcentaje de votación desde que se reinstauró la democracia, ser la primera mujer que llega a ese cargo en Argentina por elección popular, y ser la única que, en nuestro continente, ha sucedido a su marido en el cargo.

De todos ellos, el menos relevante y, en cierta medida, hasta inquietante es el último porque la sucesión de su marido, Néstor Kirchner, no solo da fe de las cualidades personales e ímpetu político de Fernández, sino también de la falta de adecuada apertura y competencia interna en el bloque político gubernamental, algo inconveniente para la democracia. Sin embargo, la contundencia de su elección, sumada a su atractiva personalidad y su reivindicación del papel femenino en la política, son elementos esenciales para darle peso a un gobierno que, aunque en parte se vea como una continuidad, deberá introducir importantes cambios. Y es que su gran desafío será cómo tomar una serie de medidas de saneamiento económico y fiscal, postergadas irresponsablemente, sin decepcionar las expectativas inmediatas de los sectores más desfavorecidos del país.

Desde su debacle económica y política a finales del 2001, Argentina ha logrado retomar, con inusitada rapidez, la ruta del crecimiento y la recuperación. Gracias, sobre todo, a la devaluación inicial de su moneda, a la capacidad industrial ya instalada, a las mejoras acumuladas en infraestructura y al incremento en los precios y la demanda internacionales de productos básicos en los que es altamente competitivo, como carne y soya, el país ha tenido, durante los últimos cinco años, un crecimiento sorprendente, de entre 8% y 9% anual. Esto ha permitido reducir el desempleo, aumentar el ingreso personal y, por ende, revertir hacia el alza los deteriorados índices sociales, que se han visto beneficiados también por una política de subsidios y control de precios.

Pero el proceso se volverá insostenible, a menos que se restauren una serie de equilibrios económicos perdidos. Por ejemplo, la inflación ha alcanzado niveles alarmantes que el Gobierno ha tratado de ocultar manipulando datos. El control de las tarifas de los servicios públicos ha generado déficit en las empresas que los brindan, lo cual, a su vez, ha frenado inversiones en transporte, agua o generación eléctrica, indispensables para mantener el crecimiento. Los subsidios oficiales han puesto un enorme peso sobre las finanzas públicas, y también han estimulado las presiones inflacionarias.

Este tipo de distorsiones constituyen la agenda más dura a la que deberá prestar atención inmediata la Presidenta, y solo podrá hacerlo responsablemente si modifica la orientación gubernamental de su esposo.

Otro ámbito de cambio necesario es la introducción de mayor transparencia y respeto por la oposición en todas las instancias públicas. Si de algo pecó Néstor Kirchner fue de opacidad en su gestión, de manipulación de los poderes Judicial y Legislativo, y de un estilo político apegado a algunas de las peores prácticas del pasado peronista. Si Fernández utilizará su amplio triunfo para oxigenar el panorama, o para cerrar aún más el cerco, es algo que está por verse. En este sentido, la oposición, aunque fragmentada, dispone de dirigentes fuertes, capaces de ejercer mejor control político, como la socialdemócrata liberal Elisa Carrió, el peronista disidente Roberto Lavagna (segundo y tercer lugar en los comicios, respectivamente) y el centro-derechista Mauricio Macri, alcalde de Buenos Aires.

Las señales que ha dado Fernández, como candidata y Presidenta electa, generan moderado optimismo sobre su próximo gobierno. Muy pronto sabremos si está justificado.

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