Costa Rica, Jueves 1 de noviembre de 2007

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Grettel Umaña Vargas

¡Gracias por la lección!

Periodista

El pasado 30 de octubre, fui víctima de un inaceptable atropello por parte del diputado del PAC, señor Alberto Salom Echeverría, quien, con pérdida absoluta del aplomo que debe regir la conducta de un caballero –máxime si este “caballero” es diputado– me increpó gratuitamente a gritos en la sede de la Asamblea Legislativa.

Los hechos: En la Asamblea Legislativa existe lo que se denomina la “Barra de Prensa”. Es un espacio destinado para que los periodistas de los distintos medios que cubren esa fuente, así como los periodistas que laboramos para la Asamblea y las fracciones parlamentarias, cumplamos nuestras funciones durante la celebración de las sesiones del plenario legislativo. No obstante ser un espacio pequeño, exclusivamente destinado para los periodistas, existe la incorrecta costumbre de que allí ingresan funcionarios de otras áreas de la propia Asamblea y hasta visitantes que no son funcionarios del Congreso y menos aún periodistas. Esto fue lo que sucedió el día 30 de octubre durante la sesión del plenario legislativo.

Ese día, ante el hacinamiento provocado por el exceso de personas ajenas a la función periodística, en la Barra de Prensa, algunos colegas se quejaron de la situación, por lo que le hice ver a uno de los guardas que custodian el ingreso a esa área de la Asamblea que “había mucha gente ajena a la Barra” y que eso estaba provocando molestia e incomodidad entre los colegas. El señor guarda me preguntó que “le indicara quiénes no eran periodistas”, a lo que respondí señalando a un funcionario de la propia Asamblea que yo sabía que no era periodista. El guarda, tal como se lo señala la propia normativa interna del Congreso, procedió de buena manera a pedirle al funcionario señalado que, por favor, se retirara de la Barra, ante lo cual el funcionario accedió. Hasta ahí, todo normal. Lo anormal estaba por venir.

Resultó ser que el funcionario invitado a salir de la Barra de Prensa era un empleado de confianza de la fracción del Partido Acción Ciudadana, quien, tanto por su cargo como por su profesión y sus funciones, nada tenía que estar haciendo en ese lugar y a esa hora. El diputado Alberto Salom, al enterarse del hecho reseñado, como un padre sobreprotector entró en la Barra de Prensa, y cual toro en Zapote decembrino, preguntó quién había osado “ordenar” la salida de su protegido de la Barra de Prensa. Le dijeron que yo lo había hecho y, entonces, empezó la función. Dentro de la Barra, se iniciaron los gritos y ofensas para luego salir al pasillo y continuar una furiosa increpación contra mí y casi sobre mí. Yo no respondí porque tengo por costumbre no responder los regaños de mis mayores ni los insultos de los pachucos. Guardé silencio y me retiré del lugar.

Reflexión: De estos hechos aprendí que no todo lo que brilla es oro. No todo aquel que se dice respetuoso de las mujeres es, en realidad, un caballero. No todo aquel que se presenta como defensor de los humildes, los defiende en realidad. Y, finalmente, no todo aquel que usa corbata es un señor, ya que también hay pachucos con corbata. ¡Que buena lección me dio el diputado Salom!

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