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/LA NACIÓN

Mas allá del ‘sí’ o del ‘no’

Esta vez no vale la excusa de la decepción con la política para no participar

Roberto J. Gallardo N.
Politólogo

La realización de un referéndum sobre el Tratado de Libre Comercio es una buena noticia, no solo porque permite decidir sobre un tema que ha mantenido en vilo al país en los últimos tres años, sino también porque será una oportunidad inmejorable para saber algunas cosas sobre la calidad de la ciudadanía, la representación política que se quiere y el verdadero peso político de algunos grupos en Cosa Rica.

Durante algún tiempo hemos sido testigos de la exaltación de cierto tipo de comportamiento político. Por ejemplo, el fenómeno del abstencionismo electoral ha sido celebrado por algunos como el resultado de una conciencia política superior de aquellos que se abstienen. Tanto es así, que la legitimidad de un gobierno no la otorgan quienes votan, sino quienes no lo hacen, aun cuando estos últimos sean minoría. Es indudable que hay razones para el alejamiento de la gente, pero la solución es, más bien, una mayor participación, no el retiro del escenario político ni la indiferencia hacia los asuntos que nos conciernen como colectividad.

Foto Flotante: 1613187
/LA NACIÓN

Aclaración del panorama. Es aquí donde se puede comenzar a aclarar un tema que ha gravitado en la política nacional en las últimas tres elecciones presidenciales. En el referendo sobre el TLC no vale la excusa de la decepción con la política para no participar. El porcentaje de gente que vaya a votar va a señalar un rumbo para las próximas décadas. Si la ciudadanía responde y ejerce masivamente su derecho a decidir sobre el tema que, sin duda, ha dominado el intercambio político de los últimos años y que a todos concierne, los políticos deberán poner las barbas en remojo porque efectivamente el abstencionismo es una protesta en contra de la calidad de la representación que ofrecen. Pero si la participación es similar a la de las elecciones nacionales, o aún menor, sabremos con certeza que una parte de la población ha decidido desligarse del proceso de toma de decisiones de manera definitiva. Esto, de alguna forma, aclarará el panorama futuro, y cualquier reforma política deberá tomar en cuenta esta nueva realidad cívica.

Detrás de esa glorificación del abstencionista mencionada hay una intención política. Y es que, cuando un sector de la población no se manifiesta, es más fácil arrogarse su representación, sin tener que presentarse a unas elecciones que se desestiman como un ejercicio inútil que no otorga legitimidad. Esto es precisamente lo que hacen algunas organizaciones, que aparentemente pretenden –y prefieren– existir en el mundo de las representaciones simbólicas, no cuantificables.

Peso político real. Esto nos lleva al segundo punto, que permitiría ponderar algunas cosas. El país conocerá con certeza en el referéndum el peso político de ciertas organizaciones y su verdadera capacidad de movilización. Por esto, para algunos el referéndum es una mala noticia, porque determinará, de una vez por todas, la verdadera magnitud de esa representación que tan alegremente –y de manera algo arrogante– se atribuyen. Precisamente por eso insistieron en que no se aceptara la convocatoria al referéndum que hizo el Poder Ejecutivo, porque mediante la fase de recolección de firmas se pretendía atrasar el proceso hasta un punto en el que ya no fuera necesario hacer la consulta, dado el agotamiento de los plazos de aprobación que el país tiene para pronunciarse. Además, aunque habrá gente honestamente preocupada por el tema de la constitucionalidad del TLC, otros pretenden que, con la consulta previa del Tratado, la Sala Constitucional les saque las castañas del fuego, pues un pronunciamiento negativo evitaría un referéndum al que, a todas luces, temen.

Por último, no por eso menos importante, la celebración del referéndum le evitará al país seguir oyendo tonterías como “referéndum de la calle” , “derecho de rebelión” y “democracia de la calle”, las que ha tenido que soportar en estos casi tres años. Evitará además la confrontación violenta que algunos anhelan y obligará a ciertas personas a encontrar otro propósito a sus vidas. Solo esto justifica con creces la celebración de la consulta.

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