 Una patrulla estadounidense
(AFP/EjércitoEEUU)
|
BAGDAD (AFP) -
El ejército estadounidense, que vivió en mayo su mes más doloroso en Irak desde noviembre del 2004, con la muerte de al menos 119 soldados, se dijo el jueves dispuesto a tratar con los insurgentes que quieran la reconciliación, con el objetivo de frenar la violencia del país.
"Tras nuestro éxito en Al Anbar, vemos que hay oportunidades de contactar con tribus y entidades de todo Irak para integrar al insurgente común sunita y chiita", dijo el número dos del contingente de Estados Unidos en Irak, general Raymond Odierno.
En esa provincia sunita al oeste de Bagdad, ex insurgentes ayudan al ejército estadounidense y las fuerzas de seguridad iraquíes en la lucha contra Al Qaida.
"Creo que alrededor del 80% están dispuestos a la reconciliación, ya sea el ejército del Mahdi o los insurgentes sunitas", estimó. Pero "hay elementos que no están dispuestos", añadió, y citó a Al Qaida.
Mientras, el Pentágono dio cuenta de otras seis muertes, cinco de ellos al estallar bombas al paso de sus vehículos, en Bagdad y en el sur de la capital.
Estos decesos elevan a al menos 119 el número de militares estadounidenses muertos en mayo en Irak, lo que convierte este mes en el más mortífero desde noviembre del 2004, cuando 137 soldados perdieron la vida.
Pero entonces se produjo un asalto sangriento al bastión rebelde de Faluya, mientras que en los últimos 31 días no se produjo ninguna gran ofensiva.
El presidente estadounidense, George W. Bush, declaró la semana pasada que preveía "intensos combates en las próximas semanas y meses" y admitió que el mes de agosto podría ser "muy duro" porque lo que los insurgentes "tratan de hacer es matar a tantos inocentes como sea posible para intentar influenciar el debate" en Estados Unidos.
Al menos 3.471 militares de ese país perecieron en Irak desde la invasión en marzo del 2003, según un recuento de la AFP a partir de los datos oficiales.
En tanto, el secuestro el martes de cinco británicos, efectuado en pleno día en un edificio del ministerio de Economía en el centro de Bagdad, asestó un nuevo golpe al plan de seguridad lanzado a mediados de febrero y por el cual más de 85.000 hombres, entre estadounidenses e iraquíes, fueron desplegados en la capital.
Los secuestrados son cuatro empleados de la sociedad de seguridad canadiense Garda World y su cliente, de la empresa estadounidense de gestión BearingPoint.
El miércoles el ministro iraquí de Relaciones Exteriores, Hoshyar Zebari, insinuó que el ejército del Mahdi, milicia del dirigente radical chiíta Moqtada Sadr, podría ser responsable del secuestro, aunque estos negaron cualquier implicación.
Por otro lado, seis personas murieron en un atentado suicida con coche bomba en Ramadi (oeste), que tuvo lugar junto a una instalación de telefonía móvil, informó el teniente coronel Jubeir al Dulaimi.
En otro atentado suicida en Faluya (oeste) un policía iraquí murió y otras ocho personas resultaron heridas, entre ellas seis agentes.
Finalmente, dos empleados de la embajada estadounidense en Bagdad fueron dados por desaparecidos, según el departamento de Estado. Antes, un movimiento próximo al grupo Al Qaida en Irak anunció la ejecución de dos empleados de esa embajada, en un comunicado que no puso ser autentificado.
|