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Un día de los más oscuros El 27 de mayo pasará a la historia por lo que promete para el futuro de los venezolanosSimón Alberto Consalvi Editor adjunto de El Nacional y excanciller de venezuela Haber pensado (y esperado) que después del ultimátum del presidente de la República, el Tribunal Supremo de Justicia iba a pronunciarse en contra, e iba a preservar los derechos de RCTV, fue otro de los equívocos que con la contribución de casi todo el mundo prolongamos la ficción de que estamos viviendo bajo un Estado de derecho. No hay tal. Conviene, por consiguiente, reconocer la realidad. Esto es prioritario para saber dónde estamos y cuáles son las alternativas de la sociedad civil y, sobre todo, de quienes abogamos por la libertad de expresión, por la diversidad y el pluralismo. Este 27 de mayo pasará a la historia como uno de los días más oscuros de nuestros anales, por el cierre de RCTV, sin duda, pero más que eso por todo lo que promete para el futuro de los venezolanos. A Caracas volvieron los mismos rostros mustios de los “teóricos revolucionarios de las comunicaciones”. Nos dieron lecciones de cómo debemos resignarnos y de cómo dejar en manos de quienes controlan el Estado y su inmenso poder económico y político, todas nuestras prerrogativas. En sus países de origen no representan nada, no porque “nadie es profeta en su tierra”, sino porque sus ideas anacrónicas no tienen audiencia de ninguna naturaleza. La revolución bolivariana ha operado el milagro de resucitarlos, tan munificente como necesitada de estos apoyos forasteros. Ni la única ni la primera. De modo que “el simple vencimiento de una concesión” se convirtió en una jornada de adoctrinamiento contra la libertad de expresión, contra la tolerancia y contra todo cuanto consagra la Constitución de 1999, la “única Constitución aprobada por un referéndum popular”, pero ni la única ni la primera en ser violentada. Los trajeron para que vinieran a aconsejarnos que renunciemos a todo lo que hemos sido y queremos ser. Contra todo lo conquistado a través de arduas batallas, antes, durante y después de las dictaduras de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. La historia tiene escrito nuestro futuro: no habrá manera de reducir a quienes creemos en la libertad de expresión. Podremos ser derrotados; en efecto, estamos derrotados por la fuerza discrecional, por los petrodólares y por la espesa red del Estado. Durante la dictadura de Gómez, Andrés Eloy Blanco editaba un pequeño periódico mecanografiado que se llamóEl Imparcial . Circulaba de mano en mano, y quienes sacaban copias añadían sus propias denuncias. Pasó a la historia como una de las grandes proezas del espíritu venezolano. En uno de los 100 tomos deEl pensamiento político venezolano del siglo XX , están reproducidos varios de los textos deEl Imparcial , verdaderamente ejemplares. Andrés Eloy Blanco fue a pagar sus pecados al castillo de Puerto Cabello, y allá escribióBarco de piedra . Por eso, él y su modesto papel pasaron a la historia. Pretender instaurar una revolución en el siglo XXI con dogmas y tácticas del siglo XIX o del siglo XX, el siglo de los totalitarismos más brutales de toda la historia, es una aventura que no puede ni debe emprenderse sin pensar que va contra el tiempo, que al demostrar incompatibilidad contra todas las libertades, asume una batalla que no tendrá tregua. Al servicio de semejantes ideas o propósitos se enajenan los recursos de todos los venezolanos. Avasallante discrecionalidad. Nunca se había conocido una discrecionalidad tan avasallante. Nunca Gobierno alguno controló tan inverosímil número de canales de televisión, de estaciones de radio, o de periódicos, como el régimen bolivariano. Este 27 de mayo del 2007 es un día sombrío en nuestros anales. Quizás sea, después de todo, el día que nos estaba haciendo falta para que tomemos conciencia de dónde estamos y hacia dónde vamos. Para que los presidentes de América Latina o los cancilleres que nos visitan o se refieren a Venezuela con ciertos dejos de conmiseración, tengan en qué basarse. Lo menos que puede esperarse de este 27 de mayo del 2007 es que los amigos latinoamericanos guarden silencio. El petróleo o los petrodólares de todos modos les seguirán fluyendo porque sin importaciones no podremos subsistir. Los protocolos democráticos de Mercosur pueden ser echados al fuego. La admirable militancia de los periodistas más jóvenes que han tomado la vanguardia garantiza que las sombras de este mayo antivenezolano se tornarán en esplendor, ya no con la máquina de escribir de Andrés Eloy, sino con todos los recursos que ofrece la era mediática. Pretender una revolución que acalle las voces de la sociedad democrática es un proyecto político (o militar) que no puede prevalecer.
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