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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Un filósofo dijo: “Dudar es pensar, pero sin estar seguro de la verdad de lo que se piensa. La duda metódica o hiperbólica de Descartes es solo un momento provisional en su búsqueda de la certeza”. Un político escribió: “La duda me acompaña permanentemente. Prefiero dudar mucho antes de decidir, antes que titubear constantemente, una vez tomada la decisión. La duda es una modalidad del juicio; en cambio, la indecisión o el titubeo es un vagabundeo que no lleva a ninguna parte”. No doy los nombres del filósofo ni del político pues ayer un genio incomprendido tico escribió en un periódico que los adversarios del TLC, entre los cuales, por supuesto, está él, son los más puros, los más inteligentes, los más honrados y los más patriotas. En consecuencia, los partidarios del TLC somos una “gavilla” de filibusteros, de ladrones, de antipatriotas, de corruptos y pachucos. Es decir, el maestro de juventudes no dudó. El TLC lo ha obnubilado. (No doy los nombres del filósofo ni del político citados porque un pachuco y un corrupto como yo, entre muchos otros, no debemos dar a entender jamás que leemos algún libro). Existo, soy humano, luego dudo. Indagué, dubitando, si es cierto que un pro-TLC dijo que este tratado es la solución total y la Arcadia feliz. Nadie lo ha dicho, aunque acepto el desmentido concreto. Sería una aberración. El TLC es solo un instrumento comercial. Indagué, dubitativo, si algunos anti-TLC dijeron lo que dijeron, y lo han dicho. Han dicho que el TLC atenta contra la soberanía (expresidente Carazo), es una forma de colonialismo (Rolando Araya), entrega el mar territorial (los sabios en roces constitucionales, escogidos pluralísticamente por el Consejo Universitario de la UCR) o arrasa con las empresas nacionales (otro sabio). Es decir, condenaron, sin dudar. Son superhombres. No se les ocurrió lo elemental: dudar y preguntarse por qué muchos otros con sentido común y con prestigiosos títulos en universidades de Costa Rica y del exterior piensan todo lo contrario. En la escuela se aprende que no se formulan juicios absolutos, del todo por el todo, si no se estudian los hechos y, sobre todo, si uno no se pregunta: ¿por qué otros no comparten mis tesis radicales? ¿Es que alguien puede afirmar, con elemental decoro intelectual, que Costa Rica se va a convertir en una colonia, que se va entregar el mar territorial, que nos quedaremos sin aguinaldo y sin empresas, o que el comercio en el TLC está por encima de la vida? ¡Pobrecitos los centroamericanos, los chilenos, mexicanos y dominicanos, tan tonticos, que no vieron lo que nuestros genios ven!
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