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/LA NACIÓN

TLC y leyes paralelas

No tiene sentido seguir desgastándonos con la discusión de las leyes paralelas

Patricia Rodríguez Hölkemeyer


En mi libroPoder y Vulnerabilidad describía cómo EE. UU. ha ido conformando (junto con Europa) las reglas del comercio mundial y cómo ha utilizado los tratados comerciales bilaterales para lograr ese objetivo. Mi posición en favor del TLC, pese a que incluye las leyes paralelas con esa finalidad, se basa en que no ratificarlo sería un grave traspié, dado que EE. UU. está realizando esos mismos acuerdos con varios países que compiten con el nuestro. Esto generaría desviación del comercio y de la inversión en favor de aquellos y en contra nuestra.

Por esta razón, también en ese libro y otro anterior, hacía referencia al “Efecto Baldwin”, que enuncia que ningún país “en su sano juicio” rechazaría el ofrecimiento de un TLC por parte de un país que, además de poseer un gran mercado, está creando una gran zona de libre comercio a su alrededor, de la que ese país quedaría excluido. Por eso, concluye Richard Baldwin, que todos los países terminarían aceptándolo.

En vista de que las leyes paralelas constituyen un objetivo de EE. UU. y no nuestro, no tiene sentido seguir desgastándonos con la discusión sobre si se aprueban o no antes del referendo. Si bien algunas no agradan a muchos costarricenses porque obedecen a objetivos estadounidenses y no nuestros, podrían tener sentido si se acompañan de las ventajas del tratado.

Propiedad intelectual. Respecto a las leyes de propiedad intelectual, por ejemplo, que son las que menos corresponden a nuestros objetivos, puesto que buscan 5 años de protección para los datos de prueba que solicitan las instituciones de salud del país para demostrar la inocuidad de productos nuevos y esta medida podría atrasar los permisos de venta de los genéricos de esos nuevos productos, cabría la siguiente observación: Con el consecuente aumento de las inversiones tras la ratificación del TLC, aumentarían los empleos bien remunerados y se ampliaría también la recaudación de la CCSS, lo que le permitiría afrontar cualquier aumento en el costo de los nuevos medicamentos “de marca”, que, al menos, tienen la supuesta ventaja de ser más efectivos o seguros.

La otra ley que incomoda –la aprobación del Convenio sobre las Obtenciones Vegetales (UPOV)– tampoco tendría sentido realizarla antes del referendo, puesto que el país podría establecer una propia más acorde con la ley de biodiversidad N° 788, dado que el Acuerdo de Propiedad Intelectual de la OMC (artículos 27.3b y 34) es bastante flexible respecto a cómo cada país decida regular la protección de dichas obtenciones. La Ley de Representantes de Casas Extranjeras , que tampoco obedece a objetivos nuestros, podría exigírnosla EE. UU. como condición para mantener los beneficios de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, como ya ha hecho respecto a leyes de propiedad intelectual y laborales. Pero podemos esperar a que suceda. Las leyes para la apertura del ICE o el INS sí podrían interesar a los costarricenses a futuro, pero no es tiene que definirse ya.

Reformas urgentes. La acción que sí debe tomar el país sin el menor atraso y con posible apoyo de todos los sectores es aprobar y consolidar, más allá de este gobierno, medidas para 1) mejorar la calidad de la educación y hacerla más inclusiva, 2) hacer más efectivo el apoyo a la pequeña y mediana empresa, en financiamiento oportuno y en capacitación, 3) resolver la inacción de las municipalidades y mejorar la ley de concesión de obra pública para mejorar la infraestructura, 4) establecer un buen plan para la atracción de inversiones y 5) fomentar la investigación y desarrollo, atrayendo, al mismo tiempo, empresas extranjeras y ciudadanos costarricenses con doctorados en el exterior, como hicieron los países que han dado un gran salto al desarrollo, como Irlanda, China e India.

Si Costa Rica asegura un buen flujo de inversión productiva extranjera y nuestras empresas se preparan para convertirse en suplidoras de componentes y de servicios a las grandes empresas extranjeras, dada nuestra situación geográfica y recursos humanos privilegiados, el país estaría irrebatiblemente en mejor situación para resolver el problema de la pobreza.

Calentamiento global. La toma de conciencia sobre el calentamiento global por parte de los países desarrollados y, finalmente, por el propio EE. UU., tras el estudio realizado por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, que fue aprobado el 4 de mayo en Bangkok, sin duda llevará a una racionalización del comercio internacional, lo que redundará en mayor concentración geográfica de las inversiones para las distintas las etapas de los procesos productivos según las ventajas comparativas, debido a los costos en CO2 que implica comerciar a través de los océanos.

El nuevo presidente francés anunció que pondrá un impuesto a los productos importados según el consumo de CO2 implícito en el transporte, y varios consumidores alemanes ya han expresado voluntad de restringir el consumo de frutas procedentes de los países en desarrollo por su costo en términos de CO2.

Nuestra respuesta pragmática ante las nuevas realidades ha de ser, lógicamente, asegurar la vinculación al cercano mercado de Estados Unidos y al de Centroamérica.

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