 Comisionado japonés ante la CBI
(AFP)
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ANCHORAGE, EEUU (AFP) -
La Comisión Ballenera Internacional (CBI) discutía el miércoles el pedido de Japón para levantar la moratoria de dos décadas sobre la caza comercial de ballenas, que se espera no encuentre eco y genere una mayor división en la ya polarizada organización de 75 países.
Japón hace campaña para levantar la prohibición desde que ésta fue impuesta en 1986, pero este año pide que sus comunidades costeras tradicionales tengan el mismo derecho de cazar ballenas que las comunidades nativas de Estados Unidos y Rusia.
"Nuestra propuesta es sustancialmente diferente de otras previas en muchos sentidos", dijo el principal funcionario japonés en la comisión, Joji Morishita.
Explicó que Japón está dispuesto a negociar la cantidad de ballenas Minke que podrían ser capturadas por sus comunidades costeras y consideraría reducir su caza "con fines científicos".
Tokio presentó la propuesta haciendo referencia a las reglas de la CBI que permiten cuotas de subsistencia para pueblos aborígenes, argumentando que la cultura ballenera de sus comunidades se remonta a siglos atrás.
"Estamos esencialmente copiando el lenguaje de la caza de subsistencia existente destinada exclusivamente al consumo local y hemos presentado 40 documentos académicos de renombrados antropólogos mundiales que prueban que la caza de ballenas costera en Japón no difiere de la caza de subsistencia", añadió Morishita.
Agregó que el argumento en contra de la venta de carne de ballena en Japón no se sostiene dado que en Estados Unidos se venden abiertamente y a precios exorbitantes artesanías en base a ballenas, incluso en el hotel donde la CBI celebra su encuentro en Anchorage, Alaska (norte).
"Vender artesanías de ballena no es comercial pero vender carne de ballena es comercial. Eso no tiene sentido", dijo Morishita.
"Las ballenas son parte de la cultura alimenticia japonesa y decirle a Japón que frene (la caza) equivale a imperialismo cultural", dijo el portavoz de la delegación japonesa Glenn Inwood.
Pese a que Tokio considera que es su mejor propuesta para levantar la moratoria, hay pocas posibilidades de que tenga éxito, dado que necesita tres cuartos de los votos en la CBI para eliminar la prohibición.
Los grupos a favor y en contra de la caza de ballenas están prácticamente igualados en la CBI y ninguno puede reunir una gran mayoría. Esto ha dejado al organismo prácticamente paralizado, con pocas reformas en sus políticas.
El año pasado Japón logró una resolución simbólica que juzgó que "ya no es necesaria" la moratoria, pero no pudo eliminar la prohibición.
Los países contrarios a la caza, que se estima tienen una débil mayoría este año, han descartado cualquier compromiso con la nación nipona.
La organización ecologista Greenpeace afirma que las ballenas enfrentan un futuro oscuro, dado que a menudo son golpeadas por barcos, asfixiadas por bolsas plásticas, envenenadas por la contaminación o mueren de hambre por las variaciones en el mar producto del cambio climático.
"Es increíble que la CBI todavía esté considerando la idea de debatir la caza comercial", dijo Junichi Sato, coordinador de Greenpeace en Japón y que asiste a la reunión.
Los grupos contra la caza también piden una nueva agenda obligatoria que plantee el fin de toda la caza científica, una prohibición permanente de la caza comercial y la aprobación de nuevos santuarios para las ballenas.
"Esto podría causar una ruptura en la CBI porque va en contra de los objetivos de la convención ballenera original", indicó un veterano observador de las reuniones de la CBI, que pidió mantener el anonimato.
Algunos especulan que Japón, Islandia y Noruega, los líderes de los países defensores de la caza, podrían irse de la CBI.
Japón y Estados Unidos son los principales contribuyentes financieros del organismo.
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