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Futbol Internacional Especialistas difieren sobre los daños en el cuerpo de un deportista Gustavo Jiménez M. gujimenez@nacion.com La última gran batalla del futbol es por el oxígeno. La decisión de FIFA de prohibir partidos internacionales a más de 2.500 metros de altura –donde escasea aquel elemento vital– tiene enfrentados a países y médicos. Ningún especialista en medicina deportiva duda de que la altura afecta el rendimiento de un atleta. La pregunta es si tales efectos pueden comprometer seriamente la salud de la persona.
Para los países andinos (Bolivia, Ecuador, Colombia y Perú), acostumbrados a vivir y hacer deporte entre las nubes, nadie morirá por disputar 90 minutos de futbol a grandes alturas. Pero según un polémico dictamen de la Comisión Médica de FIFA, sí existe riesgo para el organismo, y por ello nadie debería jugar a más de 2.500 metros. En teoría, el asunto debería resolverse con base en el criterio de los especialistas. El problema es que no logran ponerse de acuerdo y, según parece, la opinión de muchos está influida por la zona geográfica de donde proceden.
Si los países andinos ganan esta batalla de alcances diplomáticos, científicos y políticos, seguirán contando con la ventaja de ser anfitriones en estadios cuya altura mete miedo hasta a gigantes como Brasil y Argentina. Si pierden, ciudades como La Paz, Quito y Bogotá nunca volverán a ver futbol internacional. Aunque la decisión de FIFA ya está en firme y es de aplicación inmediata, un grupo de federaciones suramericanas confía en pedir la revisión el próximo 15 de junio, luego de una asamblea de la Confederación Suramericana de Futbol (Conmebol). Cuando falta el “aire”. Todo el problema de jugar a más altura está relacionado con la cantidad de oxígeno disponible en la atmósfera. Este gas es el principal combustible del organismo, y gracias a procesos químicos dentro del cuerpo se transforma en la energía indispensable de los músculos. En las ciudades muy altas la cantidad de oxígeno disponible es menor. El aire sigue teniendo el mismo 21 por ciento de ese componente, al igual que a nivel del mar, pero como hay menos presión en la atmósfera, el organismo debe “trabajar” más para llevarlo desde los pulmones hasta la sangre. Esto provoca fatiga, mareos y aumento del ritmo cardíaco, toda una pesadilla para los deportistas. Para minimizar los efectos de la altura, se recomienda llegar al sitio del partido de 12 a 24 horas antes, según indicaron por separado los médicos Willy Gálvez y Félix Murillo. De esta forma, el organismo no tiene tiempo de asimilar el cambio y sigue funcionando “engañado” como si tuviera disponible la misma cantidad de oxígeno. Deportes como el ciclismo se nutren de zonas elevadas (Zarcero o las faldas del Irazú en nuestro país), debido a que sus habitantes desarrollan más glóbulos rojos para aprovechar esa menor cantidad de oxígeno disponible. El médico Gálvez considera que jugar un partido en altura no debería comprometer al organismo de un deportista sano. Sin embargo, si se trata de un torneo prolongado, las consecuencias sí podrían ser más fuertes. No obstante, desde lugares como Colombia y Bolivia especialistas recuerdan que no hay casos documentados sobre muerte de atletas por competir en altura.
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