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Nueva migración en Centroamérica, entre oportunidad y drama


Por Marcos Alemán y Juan Zamorano

San José (AP). Los problemas para poder viajar a Estados Unidos y un resurgimiento económico de la región han motivado a muchos centroamericanos a migrar a nivel interno en un fenómeno que no se salva de sus propios dramas.

Algunos de los países de América Central, zona tradicionalmente exportadora de migrantes a Estados Unidos, están enfrentando la llegada de vecinos para suplir en las labores agrícolas y de construcción a quienes se fueron. Además, muchos de los jóvenes que reciben las remesas de sus familiares se niegan a desempeñar actividades que requieran esfuerzo físico.

Aunque la zona ve con indignación los planes estadounidenses de levantar un muro para frenar el flujo migratorio, en algunos de sus propios países existen muritos en forma de legislaciones rigurosas que en algunos casos son calificadas incluso de obsoletas y que podrían estar atentando contra los derechos humanos.

Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Honduras avanzan en propuestas para facilitar la movilidad en sus fronteras e incluso analizan establecer un tipo de pasaporte único. Además se han adherido a la convención internacional sobre protección de los trabajadores inmigrantes.

Pero Costa Rica y Panamá, dos de los países más atrayentes para los migrantes, ni siquiera han firmado esa convención que data de 1990, de acuerdo a un informe del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE), una división poblacional de la CEPAL.

Para el experto de CELADE, Jorge Martínez, el fenómeno plantea gran cantidad de desafíos a la subregión.

Confluyen casi todas las situaciones que afectan a los derechos humanos, como el tráfico de indocumentados, la explotación sexual y laboral o la migración de capital humano.

En décadas pasadas, millares de nicaragüenses emigraron a Costa Rica, donde llenaron una demanda de mano de obra en las cosechas de café y banano. Luego los conflictos armados en Guatemala, El Salvador y Nicaragua forzaron a millares de centroamericanos a huir principalmente a Estados Unidos, una aventura que se ha complicado.

El gran sueño es irse a Estados Unidos, donde creen está la solución a todos sus problemas, pero no todos pueden pagar el viaje y ponen sus ojos en El Salvador y Costa Rica, dijo a la AP Jesús Aguilar de Carecen Internacional, un organismo privado de ayuda a migrantes con sede en El Salvador.

El Salvador comenzó a atraer a trabajadores nicaragüenses, hondureños y guatemaltecos empujados por el dólar, la proximidad y esa imposibilidad de viajar a Estados Unidos.

En tanto, Panamá se convertía en imán para un intenso y variado flujo migratorio principalmente de colombianos que, entre otros factores, se vieron obligados a ingresar al país canalero debido a las exigencias de visas de naciones como Costa Rica y España.

En el caso del flujo nicaragense, son los bajos salarios mínimos que andan arribita de los dos dólares y la escasa oportunidad de trabajo en su país (que) los obliga a buscar fuera una mejor vida, estimó Aguilar.

Las autoridades dicen que empresas ligadas al sector agrícola salvadoreño, ávidas de mano de obra, viajan a Nicaragua y Honduras para realizar contrataciones y luego gestionan los permisos de trabajos. Los nicaragüenses encabezan la lista con 908 permisos autorizados, seguidos de 771 hondureños y 552 guatemaltecos.

Pero al mismo tiempo ingresan centenares más por la vía ilegal y terminan siendo expulsados. En 2006, fueron deportados 725, entre indocumentados nicaragüenses, hondureños, guatemaltecos y mexicanos, según cifras de la migración salvadoreña.

El flujo de nicaragüenses a suelo costarricense sigue vigente, aunque los empresarios y productores de ese país ya se quejan de la falta de mano de obra.

Algunos migrantes nicaragüenses consultados por la AP aseguran que ganan mucho mejor que en su tierra natal, pero existen denuncias en Costa Rica sobre abusos a estos extranjeros, principalmente a las trabajadores domésticas que son sometidas a regímenes casi de esclavitud con largas jornadas.

La ley migratoria costarricense castiga a quienes den alojamiento a trabajadores indocumentados, se quejan los empresarios. Este tipo de sanciones se implementan en países desarrollados que tratan de evitar que a los indocumentados se les explote laboralmente.

A la vecina Panamá, donde en los últimos años han llegado más de 150.000 colombianos entre inversionistas, micro empresarios, profesionales y gente pobre, se le cuestiona por poseer una ley migratoria que data de 1960 y que, según abogados, atenta contra los derechos humanos.

Este es un país multicultural con una ley migratoria obsoleta, que no va acorde con el siglo XXI, dijo a la AP Myrna López Yuras, una abogada chilena nacionalizada panameña que dirige la Fundación Casa Latinoamericana, una organización no gubernamental que orienta y ayuda a los emigrantes, en su mayoría colombianos.

Hemos avanzado muchísimo en el tema de los derechos humanos, pero esa ley los irrespeta. Siento que va en contradicción con el tema de los menores, de familia, manifestó mientras un grupo de colombianas y dominicanas que gestionan permisos de trabajo o tramitan documentos después de haberse casado en Panamá, esperan que se les atienda.

Una mujer por tener un hijo en Panamá no le da ningún derecho. Yo conozco a panameñas que han llegado a Chile y como madres solteras han tenido un hijo y en forma automática le dan la residencia, agregó. En Panamá pueden ser deportadas.

López aboga por una amnistía para los indocumentados. Personas indocumentadas no nos sirven. Lo que nos sirven son personas que estén legales, que paguen seguro social, impuestos, que sean sujetos de crédito, que puedan abrir una libreta de ahorros, comprar una casa.

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Los reporteros Marianela Jiménez en Costa Rica, Diego Méndez en El Salvador y Kathia Martínez en Panamá contribuyeron con este reporte.

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