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Empezar de nuevo


Fernando Urbina
Médico

Don Eduardo Doryan, en sus declaraciones del 13 de mayo a La Nación , lastima a quienes, en su oportunidad pusimos nuestro granito de arena para tratar de evitar el caos administrativo que sufre la Caja en la prestación de sus servicios médicos.

La informática en la CCSS estuvo presente desde el inicio, en aquellos sitios donde se había generado el conocimiento que le dio origen y que transformó la prestación médica.

En 1976, la Caja conoció y observó el Plan de Salud de la Comunidad de Harvard (HCHP) creado para satisfacer las necesidades de salud de los residentes del área metropolitana de la ciudad de Boston, donde el Laboratorio de Ciencias de la Computación del Hospital General de Massachussets había creado, desarrollado e implementado un sistema de información y comunicación al que llamaron COSTAR, por Computer Stored Ambulatory Record (Expediente Ambulatorio Almacenado en Computadora). Quizás fue la primera vez que se unió el concepto del proceso de información al de expediente; sin embargo, el doctor G. Octo Barnett, jefe del proyecto en cuestión, enfatizaba: “nosotros insistimos en la importancia de considerar la esencia de COSTAR como un proceso de información más que un expediente…”. Nos quedó muy claro que el expediente electrónico era, y sigue siendo, únicamente, la resultante del proceso de automatización que se genera en los centros hospitalarios automatizados.

Racionalización. Cuatro años nos llevó convencer a las autoridades de la Caja de que la forma lógica de evitar el descalabro administrativo y a la vez elevar la excelencia de la prestación médica en los hospitales, clínicas y otros centros, era racionalizar las enormes cantidades de transacciones que fueron y siguen siendo la esencia del trabajo médico hospitalario: recolección de datos, su organización, creación de la información hasta llegar a la toma de decisiones. Ya en aquel entonces estábamos 10 años atrás de la industria.

En 1980, la Caja tomó la decisión de racionalizar costos y maximizar la calidad de la prestación médica desarrollando la informática en los hospitales y demás centros de atención de pacientes. Encargó para ello al Departamento de Informática de la Caja y, como coordinadores del proyecto, al director del Hospital Calderón Guardia y al director médico de la Región.

Este grupo de trabajo decidió elaborar un documento que sintetizara las aplicaciones que el Sistema de Información de los Hospitales debería tener en cada centro y que se hiciera con una presentación en que su cambio a un cartel de Licitación fuera lo más expedito posible. Teníamos la ilusión de que, llegado el momento, la Contraloría General de la República nos permitiera plantear la licitación con un cartel cuya base fueran aplicaciones y no especificaciones, lo que daría al traste con la viabilidad del proyecto.

Al grupo se le unieron los ingenieros de sistemas de cada una de las posibles firmas proveedoras. (IBM, Burroughs y Honeywell). Una vez definidas las aplicaciones que la automatización transformaría, las Autoridades de la Caja decidieron que sería útil que el grupo viajara a EE. UU. y discutiera con los usuarios finales (directores de hospitales, jefes de servicio y departamentos) de los diferentes sistemas y, en presencia de los representantes de las casas proveedoras, las fortalezas y debilidades del proyecto.

Así se hizo. Ya estábamos a mediados de la década de 1980. Los centros escogidos fueron algunos de los más reconocidos de EE. UU. La discusión y análisis fue altamente enriquecedora. En 1982, la recomendación del Departamento de Informática señaló que el programa “Cuidado de Pacientes” (IBM) era la opción que mejor se adaptaba a las necesidades de la Caja.

En 1988, el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social invitó a la Caja a participar en el Primer Simposio Internacional sobre la “Administración e Informática Hospitalaria”. La Caja, junto con IBM, expuso el Sistema de Cuidados de Pacientes. Lo mismo se hizo en actividades similares en Santiago de Chile y en la ciudad de Panamá.

Por último, en 1990, la Caja dispuso (antes de adquirirlo), que la empresa proveedora (IBM) financiara la instalación del software en el Hospital Max Peralta de Cartago. Así se hizo, el trabajo duró un año. El Departamento de Informática de la Caja, las autoridades del hospital de Cartago y el grupo construyeron un centro de cómputo (en aquel entonces apenas empezaban. a llegar las computadoras personales). Se compilaron y adaptaron más de 2.000 “pantallazos” de todas las plataformas del PCS. Todo el Hospital se cableó y la gran mayoría de los servicios de encamados y 17 estaciones de enfermería tuvieron funcionando un monitor “inteligente” (con lápiz de luz en lugar de teclado). El trabajo realizado mereció ciertamente los más estimulantes elogios. Sin embargo, las nuevas autoridades de la Caja desecharon el proyecto cuyo costo era de ¢40 millones.

El espectro de las filas de espera y todas las calamidades que sufre ahora la atención de los centros médicos y la maltrecha Red Hospitalaria no se hicieron esperar, la brecha con la industria se agrandó a un grado prácticamente irreversible.

Esto, don Eduardo, no fue una burla, a nadie se le tomó el pelo, simplemente pasó como a Casandra, a quien nadie le creyó. Digamos que fue la ira de los dioses; podría haber sido la ceguera de algunos burócratas.

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