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/ LA NACIÓN

Lo que realmente somos

Debemos ser fieles a la identidad costarricense, pero a la luz del siglo XXI

Diego Víquez


Después de los intensos acontecimientos vividos en los últimos 15 meses de mi vida, retomar la palabra pública y escrita constituía un reto, particularmente por tratarse del ejercicio de hilvanar ideas con sentido lógico y lograr compartir con todos algunas reflexiones que ya no suenen a revancha, sino a lecciones de vida.

Hay ocasiones en que los “imponderables”, de los que hablaban Bismark y don Ricardo, deciden por nosotros, de tal modo que te enfrentás a reacciones que luego, al tomar distancia, te preguntás sobre cómo reaccionaste de tal forma, y es entonces cuando percibís con total claridad que tu destino y el de tu vida no está plenamente en tus manos, hay presencias que te cuidan y hay prioridades que te hacen actuar casi por instinto.

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/ LA NACIÓN

Hace mucho ya… Sin embargo, y gracias a la distancia también de tiempos y personas, solo queda la duda de lo que habría pasado si la tarea hubiera seguido su marcha, sobre todo cuando hablamos de pobres y de un país que desde hace mucho tiempo no hace nada serio ni sistemático por combatir la pobreza.

Hoy, creo que todos los costarricenses estamos frente a dos retos, uno colectivo y otro individual, dicho esto a la luz de las líneas anteriores. El colectivo consiste en el país que queremos ir forjando: en el ámbito público, que no sigan con la majadería de que el “Estado maravilloso” no debe cambiar. Lo digo con pleno conocimiento de causa: las instituciones del Estado requieren cirugía urgente; de lo contrario, ningún plan va a funcionar nunca. Ese manoseado Estado Social no es, a mi criterio hoy, más que una maraña ideologizada que solo sirve para sostener los privilegios de algunos vivillos y condenar al maltrato y a la ineficiencia a la gran mayoría de los costarricenses, que, muy a su pesar, deben recurrir a ellos para mal satisfacer algunas necesidades indispensables.

Responsabilidad social. Los empresarios deben hacer el ejercicio de ser modernos no solo en tecnología y competitividad, sino también parecerse a europeos y norteamericanos en cuanto a responsabilidad social y buenas prácticas; los medios de comunicación podrían también hacer el ejercicio de pensar que son constructores de bien común y no simples empresas mediáticas; la Iglesia, renunciar a las sacristías y asumir con coraje y creatividad el reto de volver a hablar de Jesús, simplemente eso.

En cuanto al universo individual, el reto a mi juicio, es pensar en lo que realmente somos. Esto implica hacer ejercicios periódicos de pensarse con el fin de tener conciencia de los propios límites, para no aspirar a lo que no somos ni podremos ser, pero aprender a ser felices con los que sí somos; a discernir cuáles son las prioridades, y tener claro que cada época de nuestra vida posee unas con más fuerza que otras; a revisar cuál es nuestra intención al actuar, por estos días he visto tanta segunda intención, que a lo mejor volver a pensar en que para actuar se debe tener recta intención, debería ser casi una tarea patriótica.

Ser costarricense hoy no es tarea sencilla, hay demasiadas cosas en juego, en tránsito, en transformación; se impone entonces una tarea de madurez, de reflexión, de volver a las raíces, de no ser superficiales. Juan Pablo II hace muchos años le dijo a Europa: “Sé tu misma, vuelve a las raíces que hicieron grande tu historia”. Tal vez debamos aplicarnos el cuento, a nivel individual y colectivo, pero sin añoranzas absurdas a un pasado que, justamente eso, ya pasó. Ser fieles a la identidad costarricense, pero desde los albores de este siglo XXI.

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