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EDITORIAL

Despertar del letargo

Un lúcido mensaje que debe servirnos de acicate para el cambio
Para avanzar con sentido humano debemos apostarle al conocimiento


Las miradas y percepciones ajenas bien informadas tienden a ser, muchas veces, más perspicaces y agudas que las propias. No porque, necesariamente, quienes nos observan desde fuera dispongan de mayores conocimientos, lucidez o experiencia que nosotros, sino porque el distanciamiento (geográfico y emocional) los dota de perspectivas distintas para valorar mejor lo que, a quienes estamos cerca, nos cuesta apreciar. Por esto, vale la pena tomar muy en cuenta lo que esos observadores privilegiados dicen y recomiendan sobre el curso del país.

Tal es el caso del investigador y analista mexicano-estadounidense Juan Enríquez Cabot, experto en mirar hacia el futuro desde un adecuado conocimiento del presente y el pasado, y en distinguir las tendencias que nos rodean y que pueden ser claves para el avance o retroceso de los países, según sea el caso. Los suyos no son puntos de vista “economicistas” o ideológicos, sino esencialmente pragmáticos, pero asentados en una visión de desarrollo dirigida a los seres humanos, sus capacidades y el entorno en que estas pueden (o no) florecer.

Fue este especialista quien, en una original conferencia pronunciada el martes en el Auditorio Nacional, con el patrocinio del Club de Investigaciones Digitales de Costa Rica, nos planteó un mensaje tan claro como crudo: nuestro país tiene un enorme acervo de habilidades, recursos, ideas y progreso relativo acumulados, que le permitirían entrar a la liga de los desarrollados dentro de 10 ó 15 años; sin embargo, a menos que nos esforcemos aún más por cerrar la brecha digital, abrazar la economía del conocimiento, abrir nuestras fronteras, perder el miedo al cambio y promover el desarrollo o llegada al país de empresas de punta, podremos entrar en un camino de retroceso, que cada vez aumente más nuestra distancia en relación con los países que ya han tomado mejor rumbo. Entre estos, Enríquez mencionó, en América Latina, a Chile y Panamá, un vecino inmediato al que, según comentamos en un reciente editorial, deberíamos observar con atención.

Desde su mirada desprejuiciada, el conferencista nos recordó decisiones visionarias del pasado reciente, como aumentar la inversión en educación, crear la Fundación Omar Dengo y el Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio), a las que podríamos agregar muchas otras, en especial, la opción de buscar mercados más allá de nuestras fronteras para aumentar la demanda por los productos nacionales y, así, mejorar las posibilidades de generar (y distribuir) riqueza. “Hace diez años Costa Rica prometía ser el primer país desarrollado de América Latina”, dijo con cierto tono de reclamo y nostalgia, pero luego se produjo “sabático (o, más precisamente, letargo) de ocho años… y los sabáticos, en este mundo, son muy caros”. Y fue severo en su admonición: “Dejen de pelear entre ustedes y pónganse a competir con otros”.

En estos tiempos de crispación provocada por minorías vociferantes, y cuando un sector de dirigentes políticos, gremiales y hasta académicos ha adoptado la posición de seguir en su sabático, pregonar ideas conservadoras con disfraces de soberanía e infundir miedo frente a la necesidad de abrirnos más al mundo, al conocimiento, a la competencia y a la innovación, el mensaje de Enríquez es particularmente necesario. Porque el primer escollo que, como pueblo, debemos superar para potenciar una ruta vigorosa de desarrollo con perfil claramente humano es perder el miedo, rechazar las falacias, y, sin dejar el sentido crítico, caminar con el rumbo correcto. Y, para preservar nuestros mejores valores y consolidar una herencia de la que debemos sentirnos orgullosos, debemos mirar al futuro con inteligencia, optimismo y solidaridad. En este sentido, las palabras de Enríquez son un excelente acicate.

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