 Kusturica presenta "Prométemelo"
(AFP)
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CANNES, Francia (AFP) -
El Festival de Cannes entró el sábado en la recta final con las dos últimas películas en competición, "El bosque de Mogari", bella parábola sobre el duelo de la japonesa Naomi Kawase, y "Prométemelo", del serbio Emir Kusturica, que fue la gran decepción, tanto mayor cuanto era una de las obras más esperadas de la selección.
Dos veces Palma de Oro por "Papá está en viaje de negocios" (1985) y "Underground" (1995), Emir Kusturica vuelve a presentar en "Prométemelo" una visión barroca y esperpéntica de su país.
La película arranca a toda velocidad con las imágenes divertidas maravillosamente filmadas y la música saltarina que caracterizan la obra del director serbio.
Todo empieza en un caserío perdido de Serbia en el que sólo viven tres habitantes, un anciano (Aleksandar Bercek) que ha mecanizado todo su entorno con los artefactos más extravagantes, su nieto (Unos Milovanovic) y la maestra de escuela (Ljiljana Blagojevic), de la que el joven Tsane es el único alumno.
El abuelo envía al nieto a la ciudad para vender su única vaca y le hace prometer que a su retorno traerá un icono de San Nicolás, un regalo y...una esposa.
Es en ese recorrido iniciático de la ciudad que la película se atasca. Las aventuras del joven, que se enfrenta con un malvado proxeneta (Miki Manojlovic) para salvar a su amada, se limitan a una sucesión de burdas escenas farsescas que carecen de la poesía a la que nos ha acostumbrado Kusturica.
La película fue recibida friamente y, tras su proyección, la palabra decepción se oía por todos lados en los pasillos del Festival, del que el director serbio es un asiduo y admirado participante.
Kusturica aludió el viernes a su frecuente participación, dando a entender que no volvería a formar parte de la selección en concurso de este Festival. "He venido demasiadas veces. Quizá traiga otras películas a Cannes, pero no creo que venga en competición", dijo.
Contrastando con la decepción producida por "Prométemelo", un estruendo de aplausos saludó el sábado la proyección de "El bosque de Mogari", de la japonesa Naomi Kawase, que cerró la competición.
La película es una bella parábola sobre el duelo, período designado en japonés por la palabra Mogari.
La película narra el encuentro de dos seres signados por la muerte, encerrados en su propio dolor. Shigeki, un hombre que vive en una residencia de ancianos, y Machico, una de las empleadas del establecimiento.
Un accidente hace que los dos se encuentren perdidos en un bosque. El recorrido por esa naturaleza espesa, que los envuelve y los separa del mundo, los llevará nuevamente a la vida.
La directora japonesa logra una obra sublime, un momento de puro lenguaje cinematográfico. La naturaleza es filmada con una belleza sobrecogedora, el diálogo es escueto.
No hay en esta película ni recursos superfluos ni artificios narrativos para contar la historia y los sentimientos de los protagonistas, que el espectador va descubriendo a través de la fuerza de las imágenes y de la intensidad interpretativa de los actores, que llevan los nombres de sus personajes, Shigeki Uda y Machiko Ono.
Naomi Kawase, de 38 años, ganó la Cámara de Oro del Festival de Cannes en 1997 con su primer largometraje, "Moe no Suzaku", y participó ya en la selección oficial en 2003 con "Shara". "El bosque de Mogari" es su cuarto largometraje de ficción, pero es autora también de numerosos documentales.
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