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Concierto inaugural en la UNA Ercilia Garzona Meseguer Abogada La cultura tiene como característica principal el carácter cambiante, dinámico y que se debe compartir. El Concierto Inaugural de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional no presentó obras conocidas de clásicos del mundo occidental, sino, por el contrario, el objetivo principal fue difundir la música contemporánea, de autores centroamericanos, incluido el costarricense Mario Alfagüell. Ante la declaratoria reciente de “desierto” el Premio Nacional de Composición Musical, nuestra inquietud ciudadana nos llevó hasta el Teatro Nacional el pasado 11 de mayo, como una posibilidad de respuesta a la interrogante surgida por esta declaratoria, conociendo la existencia de valiosos compositores nacionales, cuyas obras han trascendido nuestras fronteras. En un Teatro Nacional completamente abarrotado, pese a ser una noche de clásico de futbol, pudimos apreciar tres obras de autores centroamericanos bajo la batuta del director Dieter Lehnhoff: de José Eulalio Samayoa, guatemalteco,Sinfonía N.7 ; del propio director LehnoffConcierto para piano y orquesta , y de nuestro compositor nacional AlfagüellConcierto para piano, mano izquierda y orquesta , Opus 145. Las tres obras confirmaron la propuesta de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional: nuevos oídos para Centroamérica. Una orquesta seria, rigurosamente académica y profesional, enfrentó el reto de manera excepcionalmente exquisita: bajo la magistral dirección del maestro Lehnoff, con dos brillantes pianistas solistas: José Pablo Quesada y Eduardo Solano, el público vibró, se estremeció, y el Teatro Nacional fue sacudido por la abstracción, la pureza, la innovación y la ovación del auditorio ante todas las obras del programa, representativas de esta modalidad de música que, como expresó el rector de la Universidad Nacional, Olman Segura: “enriquece la cotidianidad y nos coloca conscientemente en el hoy y en el aquí”. Realidad y sueño. La ejecución de la Orquesta hizo con los solistas hizo realidad una especie de sueño compartido por el auditorio, donde lo nuestro, el ser centroamericano y costarricense, afloró bajo la batuta de un director magistralmente expresivo y profesional inmerso en su labor, haciéndose sentir los matices de un temporal en la obra de Alfagüell, con la actitud creadora del pianista Solano; el duelo juguetón y retador del pianista y la orquesta en la obra de Leh- noff, y el paso por la historia de una batalla en El Salvador en la obra de Samayoa. Consideramos visionario este estreno, como es la creación de esta Orquesta Sinfónica por parte de las autoridades de la Universidad Nacional, que nos enseñan que la cultura no es estática, que lo nuestro es invaluable, que el arte autóctono debe ser apreciado en nuestro suelo centroamericano y nacional, como lo ha sido en Europa y Estados Unidos. La ovación del público hizo presentarse a nuestro compositor nacional Alfagüell en tres ocasiones al escenario, al igual que al director y los solistas, que hizo levantar de sus asientos a los brillantes músicos que conforman la orquesta igual número de veces, confirma que esta presentación fue un éxito rotundo, que induce a la apertura al hoy, al aquí, al presente, sin menosprecio alguno al pasado, puesto que nuestra identidad confluye en ambas vías: no podemos cerrar el paso al presente, si con ello acaba el camino al pasado de nuestra cultura e identidad, hacia un futuro de nuestro patrimonio cultural.
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