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AP / LA NACIÓN

Nueve muertos en segundo día de ofensiva militar libanesa contra islamistas


Por Ramzi Haidar

Nahr Al Bared, Libano (AFP). Nueve refugiados murieron el lunes en el segundo día de enfrentamientos entre el ejército libanés e islamistas de Fatah Al Islam atrincherados en un norteño campo de refugiados palestinos, lo que eleva a 55 los muertos en estos encarnizados combates.

El macabro saldo de víctimas mortales convierte estos combates en los más sangrientos desde el final de la guerra civil libanesa en 1990.

Según el centro médico palestino del campo, nueve refugiados palestinos perdieron la vida y otros 70 resultaron heridos el lunes en el campo de refugiados de Nahr al Bared, sometido a intensos bombardeos de la artillería libanesa. Los extremistas islámicos responden a los proyectiles con disparos de ametralladoras y de morteros.

Frente al asedio del ejército, el grupúsculo Fatah Al Islam, acusado de mantener vínculos con Al Qaida y con el espionaje sirio, amenazó con ampliar sus ataques más allá de los límites de la localidad norteña costera de Trípoli, cercana al campo, donde el domingo estallaron escaramuzas que fueron cobrando intensidad y se saldaron con 46 muertos: 27 soldados, 17 islamistas y dos civiles, uno libanés y el otro palestino.

"El Ejército no nos dispara sólo a nosotros. Realiza bombardeos a ciegas. Si esto continúa, llevaremos la batalla fuera de la ciudad de Trípoli", advirtió un portavoz de Fatah Al Islam, Abu Salim Taha, en declaraciones a la AFP.

"Hay civiles muertos y muchos heridos en las calles del campo. Ya no hay agua, ni electricidad", contó a la AFP el médico Yusef al Asad, responsable local de la Media Luna Roja palestina.

Las agencias humanitarias pidieron la proclamación de una tregua que les permita socorrer a los civiles entrampados en el campo. A última hora de la tarde pudieron ser evacuados 17 civiles y se estableció un corredor humanitario, según la Cruz Roja libanesa.

El director de la Agencia de la ONU para la ayuda a los refugiados palestinos (UNRWA), Richard Cook, contactó al comandante del ejército "para obtener un alto el fuego de al menos dos horas que permita al personal humanitario evacuar a los muertos y heridos y prestar ayuda a los civiles".

Al caer la tarde una caravana humanitaria, compuesta por ambulancias y vehículos de la UNRWA, del Comité internacional de la Cruz Roja y de la Cruz Roja libanesa, seguía esperando luz verde para llevar medicamentos, víveres y agua al campo.

Entretanto una espesa humareda se elevaba en forma de caracol sobre el campo de refugiados, donde muchos edificios quedaron reducidos a ruinas.

Los combates callejeros se concentraban en las entradas sur y este, mientras lanchas de la marina tomaban posiciones en las costas para impedir la llegada de posibles refuerzos de Fatah Al Islam, anunciaron los servicios de seguridad.

Bordeado al oeste por el mar y al este por una carretera que lo une con la frontera siria, el campo, situado a una decena de kilómetros al norte de Trípoli, acoge a unos 31.000 refugiados que viven en un laberinto de calles consumidas por la miseria y en edificios construidos en medio de una total anarquía.

El primer ministro libanés, Fuad Siniora, autorizó el domingo al ejército a tomar las medidas necesarias para neutralizar a los islamistas instalados en el campo desde finales de 2006. No obstante las autoridades aseguran que no se ha decidido entrar en el campo.

Los 12 campos de refugiados palestinos de Líbano llevan 40 años sin estar sujetos a la autoridad del ejército, cuya presencia se limita a puestos de control en sus entradas.

Mientras los combates arreciaban en este campo de refugiados, una relativa calma imperaba en Trípoli, donde las comercios volvieron a abrir sus puertas, aunque las escuelas y las universidades seguían cerradas.

Los enfrentamientos hacen resurgir temores de inestabilidad en Líbano, inmerso ya de por sí en una profunda crisis política.

Por otro lado, y sin aparente relación con los combates en el norte, un atentado en el barrio cristiano de Achrafiye causó el domingo un muerto y diez heridos.

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