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Foto Principal: 1603048
Vista general de la central térmica Moín III, ubicada a 10 kilómetros de la ciudad de Limón, en donde hubo fallas desde que fue terminada en el 2003.

Turbina de Moín III colapsó con solo cuatro años de operación

Planta eléctrica nueva falló 95 veces antes de apagones

Central estuvo largos períodos fuera de servicio por excesivas averías
Proveedor japonés dice que dio equipo en buen estado; ICE le reclama arreglos

Esteban Oviedo y Mercedes Agüero
eoviedo@nacion.com

Una de las plantas eléctricas que causaron la reciente oleada de apagones tenía solo cuatro años de operación, pero ya había sufrido al menos 95 averías antes de que una de sus turbinas colapsara el pasado 3 de abril.

Se trata de la central térmica Moín III, en Limón, que la compañía japonesa Marubeni terminó de instalar en mayo del 2003 a solicitud de la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL).

Desde esa fecha, la planta presentó numerosas fallas y muchas fueron repetitivas. Así consta en el expediente de compra en la Proveeduría de la CNFL.

Foto Flotante: 1601660
Así quedó parte de la turbina número 9 de la planta Moín III luego de que succionara una pieza de metal que se desprendió.

Moín III produce energía en dos turbinas de 40 megavatios cada una mediante la combustión de hidrocarburos como el diésel.

Entre las principales averías, el generador eléctrico de la central tuvo constantes contaminaciones con aceite. Esa es la parte más cara de la planta que aún sufre el problema. En otros equipos también hubo fugas de aceite.

En tanto, las turbinas operaban con combustible sucio porque fallaba el purificador de hidrocarburos (centrifugado) y hubo deficiencias en los sistemas de control, protección del generador y regulador de emisiones.

Además, falló el virador que mueve las turbinas cada media hora cuando no operan para evitar daños por desuso.

La planta térmica Moín III fue comprada por la CNFL a Marubeni en $50 millones. Pero, de inmediato el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) la arrendó y este año se la compró a Fuerza y Luz, pese a las averías.

En Moín, operan dos plantas térmicas más con cuatro turbinas cada una. Por eso, a las unidades de Moín III se les llama 9 y 10.

Desperdicio. Las constantes fallas obligaron a inutilizar las dos turbinas durante largos períodos.

Foto Flotante: 1601658
Un cable de potencia que interconecta con un transformador sufrió esta avería.

Del 2003 al 2005, Moín III solo estuvo disponible un 30% del tiempo que se requería. La turbina 10 fue la que estuvo más tiempo inservible.

Sobre las fallas, un reporte del ICE indicó: “Nos parece excesivo por tratarse de una planta nueva. Las razones de falla en los equipos y sistemas obedecen principalmente a deficiencias de fabricación, deficiencias de calidad de los equipos o materiales o a deficiencias en la calidad del montaje realizado”.

Algunas de las fallas reportadas a Marubeni pasaron hasta un año y tres meses sin ser atendidas.

El 5 de diciembre del 2005, el ICE reclamó a la empresa: “Manifestamos nuestra inconformidad por el trato poco diligente y dilatorio en la resolución de las fallas”.

En el 2006, el ICE decidió reparar las averías por su cuenta y cobrar a Marubeni. Ese año, la unidad 9 operó de continuo y la 10 se recuperó.

Pero, finalmente la turbina 9 colapsó en abril pasado. Esa fue la más grande de las averías ocurridas en cuatro plantas eléctricas que causaron apagones.

Al parecer, una pieza de metal se desprendió y fue succionada por la turbina, que molió el componente y ocasionó severos daños internos.

La reparación se estima en más de $8 millones y la unidad no funcionará en un año. El equipo tuvo un costo original de $18 millones. En tanto, la unidad 10 funciona y es esencial para evitar cortes de luz.

Sin respaldo. La CNFL devolvió a Marubeni la garantía de $5 millones que respaldaba el proyecto, por lo que la avería de la turbina no está cubierta económicamente.

Muchos otros equipos dañados tampoco están garantizados. El ICE solo dispone de una garantía de $100.000 que negoció con Marubeni para cubrir ciertas partes.

Consultado sobre cómo recuperarán el dinero, Luis Pacheco, asesor de la subgerencia eléctrica del ICE, dijo que contratarán especialistas y repuestos y, una vez que los especialistas emitan un criterio sobre las causas de la falla, “se procederá según corresponda”.

Pacheco agregó que que ya presentaron un reclamo de $93.000 para resarcir gastos incurridos en atención de las demás fallas.

Mientras, Marubeni dijo por escrito: “Dado que el expediente es un documento público, cualquier duda puede ser aclarada a través de la consulta a ese expediente”.

En varias partes de dicho documento, Marubeni alegó que los equipos fueron recibidos por la CNFL y el ICE en óptimas condiciones, además de que muchas garantías vencieron antes de que se presentaran los reclamos del ICE.

La empresa agregó que hubo pobre mantenimiento en algunos equipos, la CNFL eliminó compras de repuestos y tampoco contrató capacitación para usar la planta.

Aún así, la firma acordó con el ICE dar una garantía de $100.000 para ciertos equipos defectuosos.

Mayores daños

Contaminación. La parte más cara de la central, el generador de la electricidad, registró constantes contaminaciones con aceite en su parte interna. Aún hoy, la pieza sufre el problema.

Falla en purificador. El sistema de centrifugado, encargado de purificar el combustible que mueve las turbinas, falló en numerosas ocasiones, por lo que la central trabajó muchas veces con hidrocarburos sucios.

Sistema de control. En el sistema de control de la unidad de generación hubo problemas con la secuencia de arranque. Además se quemaron fusibles y fallaron las tarjetas electrónicas.

Cable dañado. Se dañó un cable que conecta una subestación con la turbina número 5 del plantel de Moín, el cual formaba parte de la obra de Moín III.

Perjuicio ambiental. El regulador de emisiones presentó problemas, por lo que hubo descargas de desechos producidos en el proceso de generación por encima de las condiciones ambientales permitidas.

Amenaza. Hubo problemas en el virador que mueve las turbinas cada media hora, cuando la planta no opera, para evitar daños por desuso.

Fugas de diésel. Varios equipos presentaron fugas de aceite.

Otros. El ICE reclamó daños en software y faltantes en piezas de subestación eléctrica.

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