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ROMA (AFP) - Después de recorrer durante tres meses las rutas de la inmigración clandestina en Africa, un joven periodista italiano pasó al papel periplos sembrados de peligro en su obra "Mamadou se va a morir", en memoria a los miles de desaparecidos en el "cementerio" del Mediterráneo. Hace un año, el reportero Gabriele Del Grande, de 25 años, decidió contabilizar el número de inmigrantes cuya muerte en el Mediterráneo había sido anunciada por la prensa internacional en los últimos 20 años. "Calculé 8.226 muertos desde 1988. Sin contar de los que no sabemos nada, desaparecidos sin testigos, que podrían doblar o hasta multiplicar por diez la cifra", explica el periodista a la AFP. Según sus datos, 6.000 de los clandestinos perecieron ahogados al tratar de alcanzar las costas italianas, españolas o maltesas, aunque tan sólo se encontraron los cuerpos de la mitad de ellos. "Además, más de un millar de candidatos a la inmigración hallaron la muerte atravesando el Sáhara. No conocemos el número exacto de fallecidos, pero todos los que sobreviven en su travesía por el desierto explican que han visto morir a muchos compañeros durante la ruta", afirma el autor de este compendio de relatos de un viaje tan particular publicado este mes en Italia. El pasado octubre, Del Grande desembarcó en Marruecos, donde inició un periplo solitario que le condujo a países como Túnez, Mauritania y Senegal, cruzándose con hombres y mujeres dispuestos a todo por llegar a Europa, pero también con familias angustiadas ante la falta de noticias de un allegado partido meses atrás. En su libreta, anotó una larga lista de víctimas de la violencia policial, de ahogados tras una avería de motor, de asfixiados en grandes camiones o de clandestinos pudriéndose entre rejas. Tampoco olvidó a "todas aquellas personas detenidas y reconducidas a la frontera de Marruecos, Argelia o Libia, abandonadas en los confines del desierto y libradas a su suerte". "Hay miles de personas que erran entre dos fronteras desde hace meses, algunas incluso años, o que se esconden en la periferia de las grandes ciudades de las costas norteafricanas con una sola idea en mente: volver a partir a cualquier precio", explica Del Grande. Sólo unos pocos de estos clandestinos huyen de conflictos armados, según este periodista. La mayoría "parte en busca del sueño europeo, al igual que hace dos generaciones se iba detrás del sueño americano", agrega. El perfil del emigrante responde a un hombre joven, de entre 18 y 30 años, "sin ninguna perspectiva en su país, que ve el futuro como un suicidio lento". En la capital maliense de Bamako, Del Grande conoció a dos jóvenes cameruneses que partieron de su país hace cuatro años. Desde entonces, fueron detenidos en varias ocasiones en el Magreb, para finalmente aterrizar en Mali. "Su idea fija es volver a partir. No quieren regresar a Camerún, para ellos sería una humillación", relata. Su experiencia le permite pronosticar que "la militarización de las costas mediterráneas no detendrá este fenómeno. Los países europeos deberían ofrecer más posibilidades a los inmigrantes. Después de todo, los necesitan económica y demográficamente". De esta forma, "las tentativas para llegar a Europa se asemejarían menos a auténticas odiseas", resume. © 2007 AFP - Información provista por la agencia AFP. Cualquier imprecisión en estos cables proviene directamente de la agencia de noticias AFP. Si desea que nacion.com envíe todos los días información de última hora a su correo electrónico, vea los detalles en el servicio de envío de noticias por email.
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