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Futbol Segunda División Los pamperos no lograron sostener la ventaja de dos goles del primer encuentro Roberto García H. rgarcia@nacion.com A simple vista, parecía difícil, al menos sobre el papel. La misión celeste consistía en superar la desventaja de dos goles encajados en el primer duelo, con el fin de obtener el torneo de Clausura y retornar, después de 31 años, al concierto futbolístico de la primera categoría. Sobre el papel, parecía difícil. Mas, en la cancha, la ilusión celeste se comenzó a perfilar desde los primeros trazos, pues ayer la UCR privilegió el toque y sometió poco a poco a Guanacasteca.
Fue cuestión de acosar desde el arranque, de tejer con sapiencia para buscar la red y de golpear a los pamperos en dos sentidos: en las cifras, en el estado mental. En las cifras... Después de dos o tres acercamientos, el universitario William Solís centró desde la derecha. La pelota dio en el brazo de Jean Carlo Cárdenas y fue penal. Alonso Hilarión remató y el guardameta Wagner Hernández logró repeler la ejecución. La inyección anímica del arquero visitante generó el acercamiento a los predios de Osvaldo Quesada, quien atrapó sobre la raya un tiro de esquina de Carlos Rodríguez que estuvo muy cerca del gol olímpico para la A. D. G. Pero eso sería todo para ellos, porque al 29’, un centro de Alonso Hilarión lo cabeceó Kareem Mclean. 1 a 0, para la U. Y a tres minutos del final del primer tiempo, una gran jugada de Bernal Mullins generó un remate de Marvin Obando y el autogol desafortunado de Sebastián Cartagena, para el 2 a 0.
Si “cuando llueve, todos se mojan”, el refrán del agua se reiteró ayer con furia en el reducto ecológico apenas a los tres minutos del reinicio. En cuestión de instantes, el aguacero enlodó el campo, lo que suscitó a la vez varios pasajes de emoción y peligro para la integridad de los protagonistas. En el trajín del barro, la faena del mediocampista Lucas Carrera creció como el mayor haber de los universitarios. Poco a poco y con destreza, el 10 de la “U” definió la “ filosofía del toque” en sociedad con Mullins, Scott e Hilarión. Al minuto 50, Lucas sacó provecho de un centro de Julio Morales y sentenció con el 3 a 0. Con las cifras que requería (3 a 2 en el marcador global), el guión celeste se enfocó entonces en la siguiente fase de la estrategia. En el estado mental. La tercera conquista tuvo la virtud de activar aún más la pasión en el sector donde se ubicó la hinchada celeste. Conforme avanzaba el tiempo los vítores y las banderas se sumaban a la presión que ejercía la UCR, momentos en los que la táctica de los peleadores no era más que un barrido de lluvia sobre el lodazal. Desesperados, los pamperos lo intentaban todo y por cualquier flanco. Por los costados, por el centro, por arriba y por abajo. Sin embargo, transportar la esfera les resultaba imposible. Entre tanto, con parecidas dificultades, pero con la capacidad de Lucas, los celestes se paraban un poco mejor en el “pantanal”. Jugándose el todo por el todo, Wagner Hernández abandonó su meta para cabecear en la del rival. ¡Desesperación, impotencia! Fue entonces cuando sonó el último pitazo. Y en la U explotó el grito... Y en la pampa, el llanto.
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