 Nicolas Sarkozy
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PARIS (AFP) -
La batalla por el control del Parlamento francés empieza este lunes con el arranque oficial de la campaña electoral, que durará tres semanas, mientras el presidente francés Nicolas Sarkozy afronta su primera semana en el poder.
Los votantes franceses volverán a las urnas el 10 y el 17 de junio, en dos vueltas, para elegir a los 577 miembros de la Asamblea Nacional, donde el partido de Sarkozy, UMP, quiere aprovechar el impulso de las presidenciales para obtener una mayoría confortable.
El recién nombrado primer ministro, François Fillon, dirigirá la campaña, con lo que dejará a Sarkozy las manos libres para centrarse en dos de sus prioridades: la construcción europea y la organización de una reunión nacional sobre medio ambiente.
Mientras el Partido Socialista (PS) sigue sin digerir la derrota del pasado 6 de mayo, la Unión para un Movimiento Popular (UMP) de Sarkozy sigue nadando en la euforia.
El nuevo gobierno de Fillon, que incluye a personalidades de la izquierda y el centro, y a siete mujeres en un gabinete de 15 personas, cuenta por ahora con un sólido 69% de popularidad, según un sondeo BVA.
La UMP podría, en esas condiciones, alzarse con 317 a 381 escaños en la Asamblea Nacional, mientras que el PS obtendría entre 151 y 200, según el sondeo.
El nuevo partido centrista del candidato presidencial François Bayrou, Modem, obtendría un máximo de cuatro escaños.
Fillon, sin embargo, advirtió el domingo a sus simpatizantes en su feudo electoral, al oeste del país, que no subestimen la batalla electoral.
"Nada peor que relajarnos, nada más peligroso que mostrarse presuntuosos", advirtió a unos 300 militantes y simpatizantes de UMP que vinieron a apoyarlo a Brûlon, un pequeño pueblo de su circunscripción.
Fillon insistió sobre el hecho de que las elecciones del 10 y 17 de junio son una "etapa previa" a la aplicación del proyecto del nuevo presidente.
Sarkozy y Fillon planean presentar una batería de medidas para rebajar impuestos, establecer un servicio de transportes público mínimo durante las huelgas y flexibilizar la semana laboral, de 35 horas.
El gobierno conservador de Sarkozy está dispuesto a convocar una sesión extraordinaria durante el verano boreal para conseguir su propósito.
"Vamos a llevar a cabo las reformas de golpe, no una detrás de otra", aseguró Sarkozy a sus ministros el viernes, al inicio de su primer consejo de ministros.
El Partido Socialista, que acusa a Sarkozy de desestabilizarlo tras haber fichado a una de sus "estrellas", Bernard Kouchner, como nuevo ministro de Relaciones Exteriores, aumentó los ataques el domingo.
"Quieren una izquierda debilitada en el Parlamento para vencer por la fuerza", advirtió el portavoz del PS, Julien Dray.
El líder del partido, François Hollande, aseguró que el nombramiento de Kouchner como canciller tan sólo es una maniobra política.
Sarkozy nombró como su consejero diplomático a Jean-David Levitte, ex embajador en Washington, lo que prueba, a juicio de los socialistas, que Kouchner ejercerá un papel simbólico.
En todo caso, el presidente francés no parece dispuesto a perder el tiempo. Tras reunirse con la canciller alemana Angela Merkel, este lunes tiene previsto recibir al presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert Poettering, y el miércoles entrevistarse con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso.
Sarkozy también está afinando con su superministro para el Desarrollo Sostenible, Alain Juppé, una gran conferencia nacional sobre el medio ambiente este otoño.
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