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Disciplina y coraje para no claudicar Xinia Alvarado había dicho “no más” a finales del 2003. La voleibolista estaba convencida de que ese sería su último año en los rectángulos, pero en realidad todavía le quedaba algo de ilusión para volver años después. “Desde mi retiro hasta que decidí volver a jugar, en febrero de este año, no toqué una bola de voleibol. Pero me sentí como si no hubiera pasado todo ese tiempo”, aseguró la colocadora desamparadeña, de 40 años.
El deporte costarricense también guarda algunos espacios para los atletas de cuatro décadas. Solo que, para prolongar la carrera, ellos no cuentan con el estímulo multimillonario de las Grandes Ligas o la NBA. También deben luchar contra la idea de que un deportista está acabado después de los 30 ó 35. El exfutbolista Richard Smith se quejaba de que desde los 30 años lo estaban “retirando”. Aguantó casi una década más, hasta que puso el punto final la temporada anterior luego de cumplir un anhelo y jugar en Segunda para Limón.
El balompié tolera poco a los atletas de más de 35, salvo los guardametas, que por lo general alcanzan el grado ideal de plenitud y madurez después de los 30. Todo depende, por supuesto, de que las lesiones respeten al deportista. Y de que haya voluntad para seguir adelante. Ese fue el caso de Xinia Alvarado. Luego de retirarse, en el 2003, subió 30 libras, pero apenas se animó a volver a jugar el sobrepeso desapareció en un santiamén. “Más bien ahora me dicen que tengo mejor condición física que en la primera parte de mi carrera, cuando me entrenaba 40 horas a la semana y hacía trabajo de pesas”, afirmó la veterana jugadora. “Ahora pienso seguir en esto mientras lo disfrute. Es lo que hablo con las demás muchachas: aprovechar cada momento, cada partido, sin preocuparse de que ese pueda ser el último día”.
Alvarado regresó en un momento de crisis, cuando su equipo registraba un déficit de jugadoras. Es un caso similar al del beisbolista Mauricio Alpízar, entrenador de Santo Domingo, que bateó dos turnos en la primera vuelta del campeonato porque estaban algo cortos de personal. “Fue muy agradable, pero no creo que lo vuelva a hacer, ya tenemos toda la gente y me concentraré en dirigir al equipo”, aseguró. Rodar y rodar. Enrique Carvajal es el decano de las carreteras. Este ciclista de 48 años ganó etapas de la Vuelta a Costa Rica en la década de los 80, y aunque se dio un descanso en el decenio siguiente, decidió volver a montarse en la bicicleta. Carvajal participó en recientes ediciones de la Vuelta, aunque no estuvo en la del 2006 por diferencias con la Federación de este deporte y por falta de patrocinio. “Hay momentos en que uno dice ‘hasta aquí’, sobre todo cuando se da cuenta de la gran falta de apoyo a ciertos deportes. Pero la confianza en Dios siempre ha sido la clave para continuar, sigo aquí porque quiero dar un mensaje”, aseguró. Carvajal ya no está para ocupar los primeros lugares de las competencias donde participa, salvo que haya categoría Máster. Lo suyo es diferente: reparte biblias y trata de aconsejar a los ruteros jóvenes. El próximo año se cumplirán tres décadas de su primera incursión en una Vuelta a nuestro país. Probablemente lo celebre sobre el asfalto, porque de momento no piensa archivar la bicicleta.
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