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EN VELA Julio Rodríguez envela@nacion.com De ayer a hoy se lleva a cabo, en nuestra Cancillería, el seminario “Exitos y factores de cambio en la educación”. Se trata de un paralelismo entre la educación en Finlandia y en Costa Rica. En medio del frenesí actual por temas baladíes, o importantes, pero instrumentales, disfruté ayer del oasis de un grupo de educadores y expositores comprometidos con lo básico: la educación de calidad para todos, sin la cual el edificio social amenaza ruina. Nada mejor que enfrentarse con la educación en Finlandia, a la cabeza entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Entre 41 países, evaluados por el Proyecto Internacional para la Producción de Indicadores de Resultados Educativos de los Alumnos (PISA), en este caso de 15 años de edad, en lectura, matemáticas y ciencias naturales, Finlandia ocupó, en el 2000 y el 2003, los primeros lugares. Finlandia se ha convertido así en modelo y guía. Uno de sus secretos: la garantía de oportunidades igualitarias de aprendizaje excelente independiente de la condición social. En otras columnas me he referido a la educación en Finlandia. Por ahora, me circunscribo, a raíz de este seminario, a responder una preocupación básica: entre los secretos fecundos educativos de Finlandia, ¿cuál me impresiona más? La respuesta parece una perogrullada, pero, lamentablemente, no lo es. Es, más bien, uno de los grandes pecados educacionales. Me refiero a la calidad de los maestros y profesores, es decir, de los educadores. Un solo dato: en Finlandia el educador es la figura más valorada y admirada. Y ¿por qué? Por su saber y por sus valores éticos, esto es, por ser los arquitectos de la sociedad, desde el aula, en armonía con los ideales y necesidades de los padres de familia y del país. Y ¿cómo se hace este milagro? La profesión –misión– de educador es la más apetecida, pero solo el 10% de los aspirantes al magisterio –que son los más– son seleccionados, en duras pruebas, en las universidades. Los educadores son así los mejores. Consecuencias: valoración nacional y cosecha abundante, pues el alumno contempla en el educador –con quien convive buena parte del día– a su modelo, y el padre de familia ve en él a su socio y garantía. ¿Quién es un buen educador? Aquel que inspira a los niños y jóvenes este ideal: “Yo quiero ser como él o como ella”. Pregunta indispensable y terrible: ¿quiénes son los modelos de nuestros niños y jóvenes en Costa Rica? ¿A quién quieren parecerse? ¿Qué huellas quieren andar? Alrededor de esta respuesta se teje la educación y, de aquí, todo lo demás.
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