 Una niña cubierta con la bandera de EEUU
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WASHINGTON (AFP) -
El acuerdo sobre un proyecto de reforma migratoria en el Senado estadounidense despertó críticas y elogios en grupos proinmigrantes y sindicatos, que si bien lo consideran un paso adelante en busca de cambiar las leyes de inmigración, objetan varias de sus propuestas.
En particular, los cuestionamientos van dirigidos al programa de permisos de trabajo temporal propuesto que implica un retorno de los trabajadores a sus países de origen, y también al tiempo que tomaría el proceso de reunificación de los inmigrantes con sus familias.
El acuerdo "responde a las demandas del movimiento por los derechos de los inmigrantes para (obtener) un camino a la ciudadanía para los trabajadores indocumentados (...) pero sus disposiciones sobre la futura inmigración a Estados Unidos son inmorales, impracticables e inaceptables", señaló el Movimiento por una Reforma Migratoria Justa (FIRM en inglés), una de las mayores coaliciones de grupos proinmigrantes del país.
"Mientras la propuesta parece incluir un importante camino a la ciudadanía para trabajadores indocumentados, reconociendo su trabajo y contribución a Estados Unidos, encontramos (en la iniciativa) la eliminación del sistema inmigratorio familiar, la creación de un nuevo programa de trabajadores temporales que podría crear una subclase permanente de trabajadores con pocos derechos y sin capacidad de convertirse en ciudadanos", criticó el grupo.
Por su parte, la Coalición para una Reforma Migratoria Amplia (CCIR en inglés), elogió el acuerdo como "el punto de partida" para el debate sobre una reforma, y señaló que espera que el proceso de discusión legislativa permita "mejorar el proyecto".
"Aunque aplaudimos la legalización de millones de trabajadores indocumentados que lo merecen, no podemos hacer esto creando al mismo tiempo una puerta giratoria de trabajadores temporales de segunda categoría que no tienen posibilidad de acceder a la ciudadanía", manifestó Tom Snyder, del grupo de defensa de trabajadores UNITE HERE, que integra el CCIR.
Mucho más dura, la poderosa central sindical AFL-CIO manifestó que la iniciativa anunciada no respeta los derechos de los trabajadores.
"Abandona una política de larga data de Estados Unidos que favorece la reunificación de familias y protege a los trabajadores limitando el tamaño y el alcance de programas de trabajadores temporales", manifestó el presidente de la AFL-CIO, John Sweeney, en una declaración enviada a la prensa.
La propuesta "incluye un masivo programa de trabajadores temporales que permitiría a los empleadores importar cientos de miles de trabajadores temporales cada año para desemepeñar trabajos permanentes", añadió Sweeney, para quien la reforma tal como está planteada crea "dos clases de trabajadores, una sola de las cuales puede ejercer sus derechos laborales".
De su lado el Foro para Inmigración Nacional, que defiende el ingreso de inmigrantes y refugiados a Estados Unidos, ve con buenos ojos que el Senado empiece el debate, "incluso con un acuerdo imperfecto" ya que sin una acuerdo bipartidista como el alcanzado sería imposible una reforma, explicó su director ejecutivo, Frank Sharry, en una teleconferencia de prensa.
"Es un punto de partida" y es mejor que el status quo, señaló.
En la misma teleconferencia, Kevin Appleby, director de Políticas de Migración y Refugiados de la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos, señaló que muchos trabajadores se verían obligados a retornar a sus países de origen para obtener un permiso de residencia.
También criticó los plazos para la reunificación familiar de los inmigrados, que estimó en entre ocho y trece años. Para Appleby, esto "alentará más inmigración indocumentada".
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