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Excavaciones revelan sitio indígena en Pérez Zeledón Fue un centro ceremonial de carácter religioso, social y políticoLo edificaron hace aproximadamente 2.300 años, dicen los especialistas Debbie Ponchner y Juan Diego Jara dponchner@nacion.com Palmares, Pérez Zeledón. Un grupo de arqueólogos dejó al descubierto un centro ceremonial indígena en la zona del Diquís, en el sur del país, que data de aproximadamente 2.300 años. El conjunto de ocho montículos de piedra, vasijas de cerámica, dentaduras humanas, hachas y arcilla obtenido en excavaciones en El Cholo, un sitio ubicado a nueve kilómetros al sur de San Isidro de El General, está ayudando a construir una nueva historia del pasado indígena del territorio que hoy abarca Costa Rica.
“Antropológicamente, siempre se ha creído que Costa Rica era un área intermedia, un lugar que solo era receptor pasivo de las influencias de las culturas maya e inca, pero aquí tenemos datos de que había una cultura independiente a esa influencia; tenemos una cultura distinta”, manifestó Roberto Alexánder Herrera, arqueólogo de la Universidad de Nuevo México, EE. UU., quien encabeza las excavaciones.
Al parecer, el sitio demuestra que las comunidades que se organizaban en torno a este centro ceremonial actuaban de forma conjunta, en esfuerzos comunitarios, en lugar de obedecer al mandato de un cacique o grupo élite, como en otras culturas prehispánicas. Justamente la hipótesis de que en esta región las sociedades se organizaban de forma igualitaria, en lugar de responder a un líder, es lo que Herrera procura comprobar con su estudio que lo hará acreedor de un doctorado en Arqueología. El sitio. El Cholo comprende 1,2 hectáreas y fue descubierto por la arqueóloga costarricense Aida Blanco, en la década de los 90, pero no fue investigado. Herrera, entusiasmado por conocer la prehistoria de Costa Rica, pues sus padres son ticos, realizó un mapeo del área en el 2005 y determinó que debajo de la superficie había una historia milenaria.
Con esa información pudo conseguir fondos de la National Science Foundation de Estados Unidos para realizar el estudio. En conjunto con la arqueóloga Blanco, consultora del proyecto, Francisco Corrales, del Museo Nacional, y un equipo de excavadores ticos y estadounidenses, Herrera comenzó en marzo las excavaciones, las cuales pretende finalizar en junio. En el sitio realizó nueve pozos de excavación, con el objetivo de desenterrar el pasado, pero sin destruir todo lo que se encuentra protegido por sedimentos. Los hallazgos. Los materiales que han sido encontrados evidencian tumbas conectadas entre pavimentos y rampas. Son ocho montículos –con diámetros que oscilan entre los ocho metros y los 20 metros– en un complejo arquitectónico con base en muros de piedra y rellenos de arcilla.
Aunque los montículos siempre han sido asociados a cementerios, el sitio en estudio era mucho más que un panteón. Según el especialista, esta era una zona donde, además de enterrar personas, también se realizaban rituales religiosos, reuniones políticas e incluso tareas domésticas como la preparación de maíz o la producción de herramientas. Las vasijas halladas encima de los sepulcros son señal de ofrendas hechas a los ancestros, pero también han servido para determinar la edad del sitio y el tiempo que perduró activo. Según Herrera, la cerámica demuestra que el sitio permaneció activo durante un milenio, en una fase histórica conocida como Aguas Buenas, que se extiende desde el año 300 a.C. hasta el 800 d.C. Una fecha más exacta de los hallazgos se obtendrá cuando algunas muestras del sitio sean estudiadas en el laboratorio. La ocupación tuvo dos etapas, agregó el experto. Muestra de ello es que hay una capa de material orgánico que separa una etapa de construcción de la otra. Herrera sospecha que el centro ceremonial fue más sencillo en sus inicios, pero con el tiempo, los grupos que habitaban en torno a él, probablemente en las colinas que rodean la región, decidieron modificarlo para hacerlo más grande. “Era un sitio importante desde el punto de vista ideológico: aquí las comunidades se congregaron para enterrar y brindar culto a sus ancestros. Tal vez aquí decidieron cómo dividir la tierra o qué camino seguir. Es como una iglesia, un salón público y tal vez un centro político también”, declaró Herrera. Tras terminar las excavaciones en junio, Herrera dedicará los meses de julio y agosto para analizar los materiales y determinar las conclusiones de su investigación.
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