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Demócrata de corazón La riqueza interior de Cristián Tattenbach Yglesias simplemente brotabaNora Ruiz Periodista Inquieto, pensador, demócrata convencido, de simpática picardía, político inteligente, exquisito caballero, Cristián Tattenbach Yglesias ha partido hacia el Señor, dejando la Costa Rica que amó profundamente y por la que durante toda su existencia gestó ideas, planteó iniciativas, procuró acciones de progreso y proyectó en el desempeño de los altos cargos que la patria puso en sus manos. Fue don Cristián Tattenbach el embajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas en Nueva York (1990-1994), el embajador de Costa Rica en Guatemala cuando se produjo el histórico caso Arbenz allá por la década de 1950 y, desde siempre y por siempre, un gran convencido de los derechos humanos. En tal condición integró comisiones internacionales, fue miembro de los comités directivos de los organismos formales y, como ministro de Gobernación de la excelente administración del profesor José Joaquín Trejos Fernández (1966-1970), humanizó el trato, acordó procedimientos y dio al país lecciones en este campo de los derechos del hombre, del ciudadano y aun de los privados de libertad. Considerado y generoso. Cultivó la tertulia con delicia, esas tertulias sabrosas sobre la vida, la política, el mundo internacional y hasta sobre la naturaleza, el ganado o los caballos pura sangre. Ejercía ese don, tanto en su casa de habitación en San Francisco de Dos Ríos como en su finca Guayabillos en Rancho Redondo, en el extranjero o dondequiera que se pudiera rodear de gente inquieta, y lo hizo siempre con la categoría de anfitrión considerado y generoso que siempre dispensó. Ese ejercicio permanente de pensamiento y el compartir ideas y enfoques con todos aquellos que tuvimos el placer de escucharle, lo combinó magistralmente con su interés por atender de sus contertulios el punto de vista y los argumentos que salpicaba con su fino humor. Tattenbach Yglesias, hombre educado y cultivado, supo ser parte de la historia política de nuestra nación con entrega y conocimiento. Comprometido con las ideas del socialcristianismo, fue cofundador de la coalición Unidad a fines de la década de 1970 y, más tarde, del partido Unidad Social Cristiana a inicios de la de 1980. Trato de hidalgo. Por lo general oportuno y prudente, sabía, sin embargo, aplicar con furor y estrategia sus convicciones y procurar amigos a sus causas porque tenía don de gentes y un trato de hidalgo casi de otro siglo. Cristián Tattenbach exhibió otras extraordinarias virtudes: la modestia y la discreción y, desde luego, la honradez. Nunca alardes, nunca esnobismo, nunca aspavientos, ¿para qué? Su riqueza interior no necesitaba ni desplantes ni exposición. Simplemente brotaba. La gran obra social que significa Escuela para Todos y sus publicaciones y calendarios tan preciados en la vida rural de toda Centroamérica, tiene en él un estandarte y por ello, por sus muchos años en esta acción editorial y de educación radiofónica, se incorporó al Colegio de Periodistas de Costa Rica, y dio con su membrecía brillo y honra a nuestra institución. Se nos ha ido el abogado, periodista, diplomático embajador, diputado presidente de la Asamblea Legislativa, ministro de Estado, y Político con mayúscula. Quienes gozamos de su amistad lo sentimos con todo el corazón.
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