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La hora de las ballenas Alejandra Zúñiga azuniga@wspala.org Sociedad Mundial para la Protección Animal (WSPA) Las ballenas que se reproducen todos los años en las costas de Costa Rica desconocen que su futuro estará en juego a miles de kilómetros de distancia, en Anchorage, Alaska. A finales de mayo, se reunirá en dicha ciudad la Comisión Ballenera Internacional (CBI), un organismo intergubernamental compuesto por más de 60 países, cuyo objetivo es regular la conservación y utilización de los recursos balleneros en el planeta. Hace 25 años, en 1982, la CBI acordó una moratoria a la cacería comercial de ballenas, debido a que muchas poblaciones se encontraban en peligro de desaparecer. Dicho acuerdo fue ratificado y puesto en ejecución en 1986. Desde entonces, solo se permite la caza con fines científicos y de subsistencia en comunidades aborígenes. Sin embargo, países balleneros como Japón, Noruega e Islandia han realizado una intensa campaña con el fin de eliminar esa moratoria y volver a cazar ballenas con propósitos comerciales. Crueldad y amenaza. Esta actividad no solo es una práctica cruel que causa sufrimiento a estos grandes animales, sino que amenaza directamente a las ballenas que viajan desde las zonas polares a nuestro país. Son cinco las especies de ballenas (incluida la azul, el mamífero más grande del mundo), tanto migratorias como residentes, las que se aparean y dan a luz cada año en las cálidas aguas costarricenses. Es por ello que se puede afirmar que estos animales tienen “pasaporte” tico. La existencia de las ballenas como parte de nuestra fauna marina ha dado origen a una creciente actividad turística en las costas. Lugares como Bahía Drake, en la península de Osa, se han beneficiado directamente del turismo de avistamiento de ballenas, que representó ingresos para el país por más de $4 millones en el 2004. Estas ballenas “ticas”, entre otras, serían las víctimas potenciales en caso de que se reanude su caza comercial. En la 58.ª reunión de la CBI, en el 2006, el bloque de países balleneros logró por primera vez en 20 años obtener mayoría simple para apoyar la Declaración de St. Kitts, un manifiesto donde afirman que la moratoria ya no es necesaria. Peligro latente. Aunque para derogarla se requiere ¾ de los votos, no se descarta que en la reunión en Alaska este bloque de países vaya dando pasos para lograrlo. De ahí la importancia de la participación de Costa Rica, que fue lograda después de una intensa campaña de la Coalición Costarricense por las Ballenas, integrada por 13 organizaciones no gubernamentales. Esta campaña culminó con la decisión del Gobierno de reintegrarse a la CBI (después de más de 20 años de ausencia), luego de cancelar parte de su deuda acumulada y su cuota anual. Nuestro país, representado por Roberto Dobles, ministro de Ambiente y Energía, regresará a finales de mayo a esta comisión. Su papel será fundamental para liderar al istmo y consolidar un bloque de países latinoamericanos que, conscientes de la importancia de las ballenas y su protección, luchen por defenderlas.
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