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Foto Principal: 1596451
Al dejar la prisión, muchos se encuentran con que nadie les da empleo, y poco después vuelven al delito.
Eddy Rojas
Mayoría descuenta prisión por asaltos, robos, estafas y narcotráfico

Cuatro de cada 10 reos salen a la calle sin rehabilitarse

Más de 3.500 presidiarios purgan dos o más penas por distintos delitos
Según la Policía, aumentan los casos en que salen para volver a delinquir

Nicolás Aguilar R.
naguilar@nacion.com

Un exguerrillero de apellido Mendoza descontó casi 20 años de prisión por un homicidio y al salir de La Reforma, lejos de rehabilitarse, volvió a las andadas.

Tras pocas semanas en libertad, participó en el asesinato a balazos del oficial de la Fuerza Pública, Mario González González, en Tuba Creek de Limón.

La rehabilitación tampoco funcionó para un hombre de apellido Cisneros, quien, después de pasar cinco años en la cárcel por la violación de un menor, ultrajó a otro escolar poco tiempo después de regresar a las calles.

Lo mismo sucede con delincuentes condenados por asaltos, hurtos y estafas, quienes, pese a diversos programas promovidos por Adaptación Social, reinciden una y otra vez.

“Son personas que convirtieron la cárcel en su casa para toda la vida”, afirma Julio Ortiz Jiménez, de 56 años, 36 de los cuales los ha pasado en prisión por robos y tráfico de drogas.

Su historia es similar a la de muchos otros reos. Luego de purgar una pena, salió a la calle, pero no encontró trabajo y “volví con las amistades de siempre”.

“Creo que hacen falta más psicólogos y psiquiatras, más profesionales para que nos orienten mejor y podamos volver a la sociedad”, añade Ortiz, cuya vida en prisión empezó a los 20 años en la desaparecida Penitenciaría Central, conocida como “La Peni”.

La participación cada vez más frecuente de hampones reincidentes en diversos delitos, desde violaciones y asaltos hasta estafas y homicidios, mantiene en vilo al OIJ, donde dicen que “algo sucede con la rehabilitación”.

“Para muchos, la delincuencia es su forma de vida. La reincidencia es altísima”, se quejó el subdirector del OIJ, Francisco Segura.

“Algo no está funcionando como debería”, advirtió Segura.

Son más de 3.500. Los directores del centro penitenciario La Reforma y la Unidad de Admisión de San Sebastián, Rodolfo Ledezma y Mariano Barrantes, coinciden en que la reincidencia en el sistema penal “anda por el 40 por ciento”.

Barrantes cree que, en algunos penales, la relación entre los reos que regresan a la delincuencia y quienes logran “rehabilitarse” puede ser “mucho mayor”.

“El problema es que muchos internos salen etiquetados y es muy difícil que alguien les dé empleo”. Esa situación es aún más complicada para los reos de baja escolaridad, sin oficio y con problemas de adicción a las drogas.

“Esos son quienes generalmente reinciden más”, agrega.

El director de Adaptación Social, Reinaldo Villalobos, reconoce la existencia de esas limitaciones y advierte: “La readaptación social no es un acto mágico”.

“La delincuencia es un fenómeno social y, mientras no se mejoren las condiciones socioeconómicas del país, nunca habrá suficientes soluciones”, afirma.

Pese a ello, dijo conocer a “muchas personas que estuvieron en la cárcel y regresaron a la sociedad para trabajar honradamente”.

De acuerdo con las cifras oficiales, en este momento hay más de 3.500 reos reincidentes en el sistema penal, cifra que, según la Policía Judicial, puede aumentar porque “estamos deteniendo a los mismos todo el tiempo”.

Presidiarios consultados afirmaron haber reincidido porque, cuando salieron de la cárcel, no hallaron empleo y “la gente no me trataba bien y me veían raro”.

“Yo tenía esposa y una hija. Salí de la cárcel y, cuando me pedían la hoja de delincuencia, se acababan las oportunidades de trabajo. Al final, me ofrecieron un negocio y volví a lo mismo hasta que me detuvieron de nuevo”, se lamenta Francisco Israel Díaz Ríos, de 28 años.

La mayoría de los reincidentes presos lideran la venta de drogas en los penales, pero casi nunca se meten en problemas

Muchos, según las autoridades, no tienen oficio, apenas saben leer o escribir y sus familiares no los quieren ver “ni en pintura”.

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