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/ LA NACIÓN

Aplaudamos al pícaro


Rafael Ángel Herra
Filósofo

A la revistaTime se le ocurrió meternos entre los ojos a cierta modelo como parte del gremio de las personas más influyentes del mundo. Hace uno o dos años, a esa fulana insigne la sorprendieron en un serio enredo de cocaína en Londres y su drama fue comidilla en la prensa de sensaciones. Desde entonces, frente a lo esperado (¿por algunos ingenuos?) le sobraron los contratos y no hace más que salir en todas las publicaciones de la tierra como si fuera la delegada del Cielo. ¿Hay que tocar los fondos sucios de la humanidad para ser influyente?

A cierta cantante exhibicionista y rubia farandulera de Hollywood se le ocurre alegar la injusticia de que la condenaran a unos días de prisión por reincidente alcohólica al volante. Y es noticia.

Entre nosotros, hace muchos años, al jefe de una banda de robacarros lo aplaudió cierto populacho al verlo pasar tan campante como el señor del whisky por los alrededores del Banco Central.

Buenos ejemplos, sin duda. Hay que ser malvado o, al menos, malicioso, para influir en el mundo. Y salir ileso, como esos criminales de las carreteras y de la contaminación en Costa Rica. ¿Quién se atreve a explicármelo?

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