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Costa Ricafor sale

Experimentamos emociones mixtas por el tipo de turismo que recibimos

Juan Carlos Araya Castillo
Administrador de empresas

Todos los costarricenses experimentamos emociones mixtas cuando salimos de San José con rumbo a las zonas costeras, en particular a las de Guanacaste o el Pacífico central, y nos encontramos que propiedad de por medio hay colocado un rótulo que dice “For sale”. Y ya no causa sorpresa ver que los datos de la propiedad refieren al interesado a un “Real Estate broker”, de nombre anglosajón y con intenciones de venta en dólares.

Me refiero a emociones mixtas porque, así como tenemos la oportunidad de vivir la rapidez con que nuestra bella Costa Rica está pasando de la adolescencia al desarrollo, también somos testigos impotentes de los aspectos no tan positivos que nos están llegando junto a esta enorme afluencia de turistas que día a día arriban al país.

Cuerpos “for sale”. Es un espectáculo triste, para cualquier persona que se considere respetable, sea nacional o extranjera, pasar por la entrada de Jacó a tempranas horas de la noche y ver cantidad de jovencitas, que más parecieran escapadas de un colegio de segunda enseñanza, vendiendo sus cuerpos al mejor postor, en cruel analogía a lo que está sucediendo con las propiedades aledañas a sus lugares de trabajo.

Los demandantes del servicio son en su mayoría “turistas sexuales”, que vienen al país con sus bolsillos repletos de dólares, para sacar provecho de leyes fáciles de burlar por la mala ejecución que tenemos en su cumplimiento, de lo que tristemente ya tenemos fama en el exterior.

Controles migratorios. De alguna forma, nuestros Gobiernos debieran hacer lo propio por mejorar los controles migratorios del país, para evitar, con la ayuda de autoridades internacionales, la entrada de personas que nada bueno nos vienen a enseñar. De esta forma, tal y como sucede en otros lugares del mundo, sería bueno si pudiéramos poner en los puntos de recepción de extranjeros más impor- tantes, un rótulo que dijera “Nos reservamos el derecho de admisión”, con un sistema judicial y carcelario eficiente esperando a los infractores.

Buena parte del turismo que sí viene a disfrutar sanamente de las montañas, playas y habitantes de nuestro territorio, así como a comprar propiedades para poder soñar con el retiro en paz y libertad que tanto añoran, salen más bien despavoridos a sus países de origen, ahuyentados por los pecados gubernamentales que venimos cometiendo desde décadas atrás y cuyos resultados más evidentes son las malas carreteras (con pésima señalización) y una seguridad ciudadana tan sucia como el cauce del río Tárcoles, jurando no regresar jamás.

Cabe hacerse la pregunta de por qué la Fuerza Pública no ha puesto a varios de sus efectivos a resguardar estas y otras zonas turísticas, tristemente célebres por los constantes robos, prostitución y asaltos que ahí se presentan. La respuesta fácil es que todo esto forma parte de la nueva Costa Rica, una Costa Rica “for sale”, a la que tanto está costando acostumbrarnos y que esperamos que muy pronto retome el camino correcto, por el bien de las nuevas generaciones.

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