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EDITORIAL

Desde el Vaticano a Limón

La violencia y el crimen organizado representan el principal reto del Estado y de la sociedad civil
Bien han hecho el Gobierno y el Poder Judicial en asumir este desafío de manera integral


No por casualidad, en la edición de ayer de La Nación , se les dio realce, en el ámbito de las opiniones y de las noticias, a tres notas sobre el delito organizado y, en particular, sobre el narcotráfico. Desde la más alta cumbre de la Iglesia Católica, en el orden doctrinario y religioso, pasando por la trascendencia de la política criminal, en el marco de nuestro pacto social, y la reacción ejecutiva del Ministerio de Seguridad Pública ante los embates del narco en Limón, el desafío enorme del narcotráfico nos convoca a la reflexión y a la acción eficaz y organizada.

El papa Benedicto XVI condenó el narcotráfico con palabras y principios inapelables, con ocasión de una visita a una granja brasileña de rehabilitación, el sábado pasado, donde abrazó y besó a los adictos, víctimas de la droga. No se ciñó, sin embargo, al acto paternal y humano, sino que planteó la ofensiva de la droga en su justa perspectiva: como expresión de la violencia criminal y degradación del ser humano, que hace a los narcotraficantes responsables ante la humanidad y ante Dios, y como desafío específico de América Latina y de todo el mundo.

El narcotráfico se torna así, junto con el terrorismo, en el otro nombre de la guerra y, como tal, debe atacarse, desde el hogar hasta las más conspicuas potestades del Estado.

El Estado costarricense ha decidido acoger este desafío descomunal y, en general, las diversas dimensiones de la inseguridad ciudadana con sentido de unidad conceptual y práctica. Es la primera vez que así se procede en nuestro país, tal como lo manifestamos en recientes editoriales, a raíz de los encuentros recientes de funcionarios del Poder Judicial, del Gobierno de la República y de expertos en la materia. El artículo de ayer, en este periódico, del abogado y consultor costarricense Jorge Obando expone las grandes líneas de esta estrategia. Sus diversos temas así lo denotan: retos actuales, manifestaciones y costos de la violencia, valores costarricenses y seguridad, algo más que mejores leyes, proyecto-país, como solución integral, y nuestro pacto social. En síntesis, una solución constitucional mancomunada, como corresponde, con el mejoramiento sustancial de las instituciones de seguridad y de justicia.

Comentamos en anteriores editoriales la captura de una poderosa banda de narcotraficantes que, tras un planeamiento de dos años, había montado una estructura para intercambiar armas por cocaína y transportar esta droga a Europa. Si el monto de las capturas impresionan y describen el papel adjudicado a nuestro país en este espantoso drama universal, el episodio de una banda que penetró en el hospital Tony Facio, en Limón, el jueves pasado en la madrugada, y asesinó a un paciente de 26 años, dice mucho más que cualquier diagnóstico. La determinación del Ministerio de Seguridad Pública de llevar a cabo una batida contra las pandillas organizadas en Limón, que luchan por sectores del territorio y por el señorío en el negocio, indica cuán hondo ha penetrado el poder de la mafia criminal en nuestro país.

Estas son las grandes cuestiones que nos retan y que estimulan al Estado y a la sociedad civil a ponerse en pie y a luchar conjuntamente. La soberanía y el patriotismo no son recursos retóricos engañosos, como suele ocurrir y como estamos viendo y oyendo en estos meses, sino el acto de participación en la solución de estas terribles patologías que nos asaltan en el interior y nos invaden desde el exterior. En la agenda nacional toda referencia a la violencia y al crimen organizado debe ocupar un lugar preferente en la reflexión y en la ejecución.

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