Lunes 14 de mayo, 2007
San José, Costa Rica.

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La vuelta al estadio terminó en la gradería sur, donde los jugadores agradecieron el apoyo. Allan Alemán se subió con el trofeo.
Eyleen Vargas
Festejo a estadio lleno

Futbol
Vale toda pena para celebrar enLa Cueva

Nadie se movió en el Saprissa hasta no ver a los morados dar la vuelta olímpica
Jeaustin, Alonso y Porras fueron los más aplaudidos por los miles de hinchas

Johan Umaña V.
jumana@nacion.com

No es lo mismo armar el baile en otro lugar, sin tener al lado a la afición que vibró y cantó hasta el final por la llegada del título número 25 a la Cueva de Tibás.

Un estadio lleno que cantaba a toda voz el “palo, palo bonito, somos campeones otra vez...”.

Jeustin, que no podía dar un paso sin ser abrazado o jalado para pedirle la foto, y Alonso, que se sonrojó cuando recibió la medalla y la Ultra Morada lo idolatró con el ya típico “Solís, Solís”; gesto que agradeció con una humilde reverencia desde la tarima.

Estos fueron los actos más emotivos luego del triunfo.

La afición morada se dio gusto cantándole al cuadro campeón y hasta menospreciando a los rivales caídos en el camino delMonstruo al cetro nacional.

A celebrar

Después del estadio el festejo se trasladó al hotel Radisson, con una cena privada entre los familiares y jugadores del club

Una afición que celebra doble cuando le gana la copa a su acérrimo rival, Alajuelense.

Para el sur. Los morados no solo se evitaron una final más, sino que también se quedaron en la comodidad de su hogar para el agasajo.

Ganar de una vez les permitió dar la vuelta olímpica y culminarla en el marco sur, frente a los fieles e histéricos hinchas de la Ultra .

Allí, los aficionados no se cansaron de gritarle, muchos con lágrimas, al equipo de sus amores, repitiendo lo mucho que lo quieren y cuánto representa para ellos.

Uno de sus jugadores favoritos, el pequeño Allan Alemán, se subió al marco para acercarle más la preciada copa a los seguidores.

En el estadio Ricardo Saprissa Aymá la fiesta iba en función de los aficionados, quienes, según dijeron jugadores y cuerpo técnico, eran los justos dedicados.

“Hay que disfrutar, hay que sacarle provecho y enseñanza, y hay que decir que somos merecedores del triunfo ante un digno rival”, comentó Víctor Cordero con una enorme sonrisa en su rostro.

“El campeonato fue muy difícil y lógicamente, cuando uno sufre, se dice que se disfruta más; pero yo lo he vivido con la misma intensidad que disfruté de todo”, agregó Gabriel Badilla, uno de los que se vistió de héroe anoche.

La euforia fue tanta desde todos los rincones de la gradería y en la propia gramilla, que sirvió para amenizar los pobres actos protocolarios que programó la Unafut en la tarima que se levantó en el centro de la cancha sintética.

Lo más llamativo fue el desfile de las doce banderas de los clubes de la Primera División, pues sirvió para que la afición abucheara a los excluidos de la gran fiesta.

El elemento extra. Quedó patente en el terreno de juego y en las palabras de los jugadores: este título lo ganó el Saprissa a punta de ganas, esfuerzo y muchísimo empuje.

“Este equipo tiene mucho coraje. El grupo tiene mucho carácter y sobre todo tiene ese alma de deportista, a pesar de ir perdiendo por uno o más goles, nunca baja los brazos”, dijo Cristian Bolaños.

“Ganamos por las ganas, porque tenemos muchas agallas y respetamos el buen futbol”, argumentó el entrenador, Jeaustin Campos.

Después de la celebración en gramilla, los morados fueron al camerino al clásico baño en champán acompañados de dirigentes y representantes de la Ultra .