Lunes 14 de mayo, 2007
San José, Costa Rica.

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Pablo Salazar (3), Carlos Hernández y Cristian Oviedo (5). El dolor de un partido que dejaron ir con ventaja en el campo y en la pizarra.
Albert Marín
Vestuario de la Liga

Futbol
La noche más triste de los rojinegros

Fin de juego y el desconsuelo más profundo invadió ayer al equipo
La mayoría de jugadores prefirió guardar silencio y no recogieron su trofeo

Arnoldo Rivera J.
arivera@nacion.com

Las rostros más tristes fueron vistos anoche. La palabra desconsuelo se queda corta para describir el estado de ánimo de los jugadores de la Liga.

Caras desencajadas, no pocas bañadas en lágrimas, fue la tónica del regreso manudo al vestuario asignado: justo debajo de la gradería sur, feudo de la Ultra.

Nadie habló camino a esas cuatro paredes; fuera de ellas, se oyó una que otra maldición, alguno que otro golpe contra una lata: válvulas de escape a la enorme pregunta de cómo diantres se les escapó un triunfo, un título, una temporada en un santiamén.

El último en ingresar fue un sereno Rolando Fonseca, precedido solo unos pasos adelante por el técnico, Álvaro Solano, quien a duras penas contenía el llanto.

Como diría alguien por ahí: el entorno manudo estaba destrozado cuando se cerró el portón.

Y afuera no se escuchaba nada.

Sin noticias. Así permaneció el portón cerrado, salvo para que Marvin Calvo y Pablo Salazar fueran a cumplir con el control de dopaje.

Cuando regresaron, ambos reiteraron de buen modo su negativa a brindar alguna declaración.

Pasaron y pasaron los minutos y nada de noticias.

Entonces se supo que no iban a hablar y que el trofeo y las medallas serían recogidas por el directivo Wílliam Cordero y el funcionario Víctor Reyes.

Racha

La de anoche fue la quinta derrota alajuelense, pero la más dolorosa, en los seis clásicos de la temporada 2006-2007

A las 7:35 p. m., casi una después de concluido ese partido que será aciago en la memoria manuda, se abrió de nuevo la puerta del vestuario para empezar otro desfile: esta vez hacia el autobús..., en silencio.

Álvaro Solano se detuvo un momento, con ojos enrojecidos e hinchados y un ensayo de sonrisa: “Felicitamos al campeón. Nada más”.

Carlos Hernández y Wílmer López fueron la excepción a la regla del silencio.

“No supimos manejar la ventaja ni el hombre de más. Hay que felicitar al campeón. Ni modo, así es el futbol”, sostuvo el primero.

“Cuando se juega todo un torneo con más bajos que altos se recibe esto: el segundo lugar.

“Todos somos responsables, todos somos los culpables. Nadie se salva” , aseveró López.