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Sediciosos y traidores Arremetida contra uno de los pilares fundamentales de la naciónWilbert Arroyo Álvarez santiagoypilar.solera@gmail.com Abogado y catedrático, UCR Afirmé en un anterior comentario que estamos “notificados” de que a los sindicalistas, los de siempre, y políticos apolillados y ya enterrados hace muchos años –hoy, milagrosamente, resucitados– se les ha caído la careta y se han mostrado de cuerpo entero, al hacer públicas, en la prensa escrita, pronunciamientos que no solamente son absolutamente sediciosos, sino que, sospechosamente, parecen tener un foráneo respaldo millonario, investigables de oficio por los órganos competentes. Efectivamente, con reiterado asombro, leo la desfachatez a que se han acostumbrado algunos, los mismos, de alentar a la rebelión y la sedición, con un eufemístico “referéndum de la calle”, sin que las autoridades responsables hagan nada al respecto. La sedición, la traición a la Patria y la conspiración no solo están previstas en la Constitución Política, en su Título Primero, sino que son típicas figuras delictivas, reguladas en el Código Penal, en sus títulos X a XIII, junto con la rebelión, la instigación pública, la asociación ilícita, la intimidación pública, la apología del delito, actos hostiles, violación de inmunidades, propaganda contra el orden constitucional, el motín, la resistencia, la desobediencia y el desacato. Acto de mala fe. También apunté que la cacareada solicitud del referendo no solo fue para elevar la nula autoestima de algunos políticos frustrados, sino, y ante todo, que era y es un evidente acto de mala fe, pues no tenía la mínima intención de que se ejerciera, legítimamente por la población, el sagrado derecho a decidir directamente, sino que su objetivo es la manipulación, la obstrucción, el sabotaje de la democracia y la paz social, en las que, paradójicamente, se “guindan” para lograr tan perversos y antipatrióticos fines. Y es que la última proclama, tan furibunda y sediciosa como la del Melico Salazar en el 2005, en contra de la institucionalidad patria, es gravísima pues se arremete contra uno de los pilares fundamentales de la nación, como lo es el Tribunal Supremo de Elecciones ( TSE) que, en casi 60 años, ha sido baluarte de garantía democrática de la que gozamos todos, incluidos estos grupos y personas, quienes lo afrentan por no haber resuelto favorablemente sus mezquinos intereses. Eso es una muestra más de que hay que desconfiar de estas personas que, arropadas en pieles de ovejas, no son sino sediciosos, que solo buscan la “bronca” a como haya lugar. Nunca se les queda bien. Pedían el referendo y, aceptado este por el Tribunal Supremo de Elecciones, se derritieron en alabanzas a sus integrantes. Sin embargo, no más el Órgano Electoral resuelve contrario a sus absurdos jurídicos, se abalanzan contra ellos, principalmente contra dos de sus más connotados juristas, de talla moral intachable y más que comprobada, al igual que la tercer miembro, quienes lo único que han hecho es ajustarse, estrictamente, en sus resoluciones, al ordenamiento jurídico, por lo que estas personas no merecen que se les calumnie de la forma como lo han hecho, quienes con las mismas mañas de los dictadores que, como abejones de mayo, saltan al norte y sur de Costa Rica, pretenden, con la desacreditación y el desacato, poner en cuestionamiento una de las instituciones más valoradas por el pueblo costarricense, desde 1949. ¡A estos desalmados, que el Ministerio Público los llame a cuentas de inmediato! ¡Después puede ser muy tarde!
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