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/LA NACIÓN

Guerra o sometimiento

El propósito de los extremistas es imponerle al resto del mundo su visión político-religiosa

Gerardo Martínez-Solanas*
©FIRMAS PRESS@nacion.com

*Economista y Politólogo. Director de DemocraciaParticipativa.net

Las costosas aventuras militares de los hermanos Castro en Angola, el Ogadén, Eritrea y las Alturas de Golán, son bien conocidas, no así las que desplegaron en Vietnam, Afganistán, Chad, Congo. El régimen comunista cubano era el apoderado militar de los intereses geopolíticos del imperio soviético, cuando los jerarcas moscovitas estimaban inoportuno intervenir directamente. Los multibillonarios subsidios soviéticos destinados al equipamiento militar convirtieron las fuerzas cubanas en una de las mejor apertrechadas del mundo. Muy poco de eso se tradujo en beneficio de su pueblo.

Tampoco se habla suficiente del apoyo de los Castro a los movimientos guerrilleros latinoamericanos. En Granada y Panamá –donde fracasaron por la respuesta militar norteamericana– o Jamaica, Bahamas y Haití, entre otras, sus ambiciones hallaron simpatía. En general, esta penetración político-ideológica, secuela de guerrillas fracasadas, derivará hacia agrupaciones contestatarias y hasta logra triunfos electorales. Se caracterizan por preferir el color rojo, los retratos del Che y las sobadas consignas castristas, amén de la obsecuente admiración hacia “el modelo cubano”.

Menos aún se divulgan los contactos articulados por los hermanos Castro con Corea del Norte, Irán y los elementos extremistas de los países árabes y del Magreb –con ramificaciones en Yemen–, Siria, Palestina, Egipto, Libia y el movimiento independentista del Sahara Occidental. A quienes juraron destruir a sus “enemigos de Occidente”, ellos los respaldaron con adiestramiento militar, armamentos, comunicaciones consulares y asesoría.

Oscuro escenario. El hecho de que tales intereses extremistas presentes por esos países, respondan o no a la filiación de al-Qaeda, Hezbollá o Hamás, se articula por un propósito común: imponerle al resto del mundo su visión político-religiosa. El Sahara Occidental –o Frente Polisario– es uno de sus más oscuros escenarios. Creado con apoyo de Argelia, Libia y cubano como un movimiento de liberación nacional opuesto al dominio colonial español en el noroeste africano, Cuba no ha cesado de apoyarlos, a pesar de la entrega del territorio a Marruecos (1975), tras la “marcha verde” de Hassan II. El adiestramiento político, administrativo, profesional y militar de hasta 2.000 saharauis continuó en la Isla hasta la firma del tratado de paz con Marruecos (1991). En Cuba and the Polisario Front, R. M. Holley, se revela, según fuentes fidedignas, que hoy reciben “educación” en Cuba más de 5.000 jóvenes saharauis. El propio gobierno cubano ha reconocido que mantiene cerca de 800 en la Isla de la Juventud. Holley también documenta la brigada cubana en el Sahara Occidental con operativos de inteligencia, asesores y médicos con acceso libre a través de la frontera argelina.

Múltiples conexiones. Aparte de las conocidas declaraciones de altos dignatarios iraníes en Venezuela, de la visita de Castro a Irán pocos meses antes del 9/11 y la posterior de Chávez, así como los intercambios de Raúl Castro y altos mandos militares coreanos en visitas recíprocas a Cuba, Norcorea y China, y la conexión yemenita-pakistaní en el trasiego de proyectiles a cambio de tecnología nuclear entre Irán y Norcorea, ha pasado inadvertida una declaración del embajador Polisario en La Habana (marzo, 2006) donde amenaza con duros castigos a Marruecos y a sus amigos de Occidente.

Cuban Transition Project, de la Universidad de Miami, denuncia ahora que al-Qaeda ya es un factor visible, y activo, en este teatro del mundo y lo relaciona con complots terroristas en Túnez y otras zonas del Magreb. Asimismo, destacan la actividad que estos desarrollan para activar frentes extremistas en otras zonas africanas.

La comunidad internacional libre y democrática no aprecia debidamente la estrategia de penetración y desintegración que persiguen estos grupos extremistas, aupados en este parte del hemisferio occidental por La Habana y Caracas. No bastan la retirada del Iraq o el apaciguamiento de Irán y de Norcorea para que haya paz, porque la opción que dan los extremistas es la guerra o el sometimiento.

Urge que los pueblos y gobiernos amenazados reevalúen la situación para formular políticas coherentes y más firmes para ponerle fin a estas amenazas.

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