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Hilaridad y responsabilidad Cuando ciertos episodios en el plenario legislativo producen hilaridad, es mala señalEl obstruccionismo y el protagonismo son recursos que no exigen estudio ni pensamiento Que unos cuatreros hayan robado, en marzo del 2004, una vaca llamadaMaría del Milagro , de 2 años, 250 kilos de peso y una producción de 20 botellas diarias de leche, en San Pedro de Coronado, y, “corteses” con ella, la hayan transportado en un automóvil Hyundai, hasta Mercedes Sur, es, sin duda, alguna, una noticia jocosa, que, por su singularidad, le dio la vuelta al mundo con todo y foto, y contribuyó así a promover el turismo… Y que hace un mes, en Pandora –Valle de la Estrella, al sureste de Limón–, un animal cualquiera se haya enfrascado en franca refriega con un toro de 500 kilos, en un cuadrilátero “ideal”: la línea férrea, y una locomotora haya descarrilado al chocar contra el cuadrúpedo, al que, luego, los vecinos destazaron para aprovechar su carne, en inesperada y alegre camaradería, es otra noticia jocosa, que dice mucho acerca de la libertad de los animales y nuestro subdesarrollo ferrocarrilero. Pero que el plenario de la Asamblea Legislativa, en nuestra renombrada democracia, no haya funcionado, el jueves pasado, por un fuerte altercado entre algunos legisladores, por cuanto la sesión se había declarado abierta, supuestamente, 24 segundos después de la hora parlamentaria (3 p. m.), esta noticia no es jocosa, como la de la vaca, el automóvil, el toro y el ferrocarril. Posiblemente, también haya dado la vuelta al mundo, al comprobarse, más allá de nuestras fronteras, la puntillosa legalidad de algunos diputados y, sobre todo, el sentido estricto de la puntualidad en una región donde la precisión horaria no suele ser una de sus virtudes. El estupor se agranda al tomar nota de los graves problemas acumulados sin resolver precisamente por la (in)cultura del tiempo, cuya excepción honrosa fue el hallazgo de la vaca en pocas horas y el destace del toro en pocos minutos… El protagonismo o el ansia de figurar se exponen a caer en el ridículo. Este, sin embargo, es un asunto personal, tentación frecuente en la política como espectáculo o carente de perspectivas o de contenido, donde la escaramuza sustituye al estudio o al pensamiento. El aspecto preocupante en este caso es la confusión entre lo esencial y lo accidental, entre las cuestiones de fondo, que hacen antesala desde hace años, y las que con buen juicio pueden resolverse de inmediato o que, por su propia naturaleza, ni siquiera se plantean. ¡Cuán lejos se encuentran estas conductas infantiles con los solemnes discursos y las promesas de cada primero de mayo sobre la restauración del prestigio de la Asamblea Legislativa. Estas escenas aldeanas ponen de manifiesto, por otra parte, lo que ha sido una constante en estos meses, a raíz de la discusión del TLC: el obstruccionismo como arma política, confesado abiertamente ayer por el Partido Acción Ciudadana (PAC); esto es, la explotación de las peores prácticas parlamentarias. Olvidan quienes así proceden que las víctimas de estos procederes no son los diputados. Al fin de cuentas, la desnaturalización de la función pública es de vieja data. Las víctimas, eso sí, son los sectores más necesitados del país, urgidos, desde hace muchos años, de las reformas pertinentes en el campo económico y social. Si en nuestro editorial sobre el primer año legislativo elogiamos el cambio habido en la Asamblea Legislativa, en relación con su antecesora, el obstruccionismo anunciado y practicado de parte de algunos diputados de diversas fracciones, en estos días, no invita a la esperanza. El protagonismo y la indiferenciación entre lo esencial y lo accidental, entre la escaramuza y la política genuina, deben desterrarse por cuanto, como en el caso de la vaca y del toro citado, ni siquiera producen hilaridad.
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