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Foto Principal: 1594349
Benedicto XVI durante la misa en Campo de Marte cuando canonizó a Fray Galvao, primer santo brasileño.
EFE
Misa ante un millón de católicos

Papa le dio a Brasil su primer santo y pidió reconquistar fieles

Benedicto XVI consagró como santo al beato Antonio Galvao
Denunció “las embestidas” del agnosticismo, del relativismo y laicismo


Sao Paulo. AFP. El papa Benedicto XVI le dio ayer a los brasileños su primer santo en una misa con un millón de fieles a quienes pidió defender la castidad y el matrimonio, y llamó a los obispos a recuperar católicos, ante el fuerte avance de las sectas en América Latina.

“Declaramos y definimos como santo al beato Antonio de Sant'Anna Galvao, y lo inscribimos en la Lista de los Santos, y establecemos que, en toda la Iglesia, sea devotamente honrado entre los santos”, dijo el Pontífice ante la emocionada multitud.

Desafiando el frío, cientos de miles de personas invadieron desde la madrugada el aeródromo de Campo de Marte, donde el papa Juan Pablo II había celebrado también una misa en 1980, en su primera visita a Brasil.

Pero a diferencia de aquella celebración, la misa careció de música o danzas locales y fue una sobria ceremonia clásica, lo que no impidió la emoción de los fieles por tener su primer santo nativo.

Benedicto XVI llamó a seguir el ejemplo del santo, “en una época tan llena de hedonismo”, con la práctica de la castidad dentro y fuera del matrimonio.

Llamó además a decir “no” a la prensa que “ridiculiza” la virginidad antes del casamiento y la “santidad del matrimonio”.

Más tarde se reunió con los obispos brasileños e hizo referencia indirecta al aborto.

“Se ataca impunemente la santidad del matrimonio y la familia, comenzando por hacer concesiones ante presiones capaces de incidir negativamente sobre los procesos legislativos; se justifican algunos crímenes contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual”, lamentó.

Reconquista. En otro frente, el Pontífice llamó a “no economizar esfuerzos en la búsqueda de los católicos apartados”, denunció “el proselitismo agresivo de las sectas”, la multiplicación de nuevas denominaciones cristianas y “las embestidas del agnosticismo, del relativismo y del laicismo”.

América Latina experimenta el crecimiento exponencial de los credos evangélicos pentecostales, a costa de una sangría de fieles en la Iglesia Católica.

El Papa dijo que la finalidad de la Iglesia debe ser exclusivamente “la salvación de almas”, pero sin descuidar el “pan material”, llamando a la Iglesia a ayudar a los pobres en sus necesidades más urgentes.

Con el poder de curar

Fray Galvao

Fray Galvao, de ahora en adelante San Antonio de Sant’Anna Galvao, vivió en Brasil entre 1739 y 1822, y fue conocido por su presunto poder de cura de enfermedades con el que favorecía a los seguidores que acudían al Monasterio de la Luz, que él fundo en Sao Paulo.

“El tenía el don de curar, ya en vida los devotos lo consideraban un santo”, dijo la hermana Claudia, encargada de las relaciones públicas de las 13 monjas de vida contemplativa de la Orden de la Inmaculada Concepción, que siguen las enseñanzas del nuevo santo en el Monasterio de la Luz.

Antonio Galvao nació en Guaratinguetá (interior de Sao Paulo) y fue uno de 11 hijos de un hogar muy religioso.

Después de un pasaje por el Seminario de Belem (de los jesuitas de Bahia, nordeste), entre los 13 y 17 años, que debió abandonar por la persecución contra la Compañía de Jesús, Galvao ingresó en 1760 al Convento de los Frailes Menores Descalzos (franciscanos) cerca de su ciudad natal. Fue ordenado sacerdote el 11 de julio de 1762, a los 23 años.

El primer “milagro” validado por la Iglesia, fue el de un presunto enfermo de cálculo renal. En esa ocasión Fray Galvao dio a tomar al enfermo tres papelitos donde había escrito en latín: “Tras el parto, Virgen, permaneciste inmaculada: Madre de Dios, ruega por nosotros”. Desde entonces existe la devoción por los papelitos.

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