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/LA NACIÓN

Indiferencia asesina

Es imposible construir un periodista ético si este no es primeramente una buena persona

Carla Castro Lizano
carlacastro@tintadigital.co.cr
Periodista

Uno de los sobrevivientes del 16 de abril recuerda esa mirada vacía en un artículo de la revistaTime que revive la peor masacre civil en la historia estadounidense. Cho Seung-Hui, un surcoreano de 23 años, “callado” y “tranquilo”, mató a sangre fría a 32 personas en la Universidad Tecnológica de Virginia y luego se suicidó.

En medio del asombro general y el debate sobre la posesión de armas, NBC publica un video que el propio Cho filmó y envió, acompañado en imágenes de sus armas y su furia, como un violento manifiesto de resentimiento social y “justificación” vengativa a quienes lo hirieron.

En el video Cho culpa a la sociedad por sus actos y se refiere a sí como sin salida: “la decisión la tomaron ustedes”, sentencia, “a pesar de que tuvieron advertencias y pudieron evitarlo”. La decisión de NBC provocó reacciones negativas por parte de la policía, los familiares de las víctimas y el medio periodístico, extendido al mundo entero.

Profesores universitarios de ética periodística añadieron este caso a su debate y muchos profesionales de la comunicación nos cuestionamos cuál sería nuestra decisión en un caso similar, como una mirada retrospectiva que pone en conflicto las consecuencias de la divulgación de un hecho violento contra la necesidad del público de estar informado.

Enfermedad moral. Enojo y decepción son algunos de los sentimientos que reflejaba la mirada de ese joven, ahora asesino, y que corresponden al perfil descrito por la policía, pero ninguno es tan incomprensible como el de su indiferencia. Ese vacío en sus ojos que nubló cualquier lamento de sus víctimas, su sangre, su fragilidad, pero que a la vez alimentó su “narcisismo clínico”, como una de las pocas definiciones que relacionan a los protagonistas de otros eventos violentos, como es el caso de los agresores de Columbine, Eric y Dylan, a quienes Cho rinde homenaje en su video.

El egoísmo y el “autismo” voluntario son males de esta época, cargada irónicamente de cercanía de información. Estos sentimientos llevan a una indiferencia absoluta, como una enfermedad que contagia la moral y la acomoda. Todos intentan ser “buenas personas” y los otros son los culpables de sus acciones.

Desde el TLC hasta el desprecio de una chica, desde el aumento del costo de la vida hasta la provocación del otro conductor, el asunto es que el fin justifica los medios, sean violentos o nunca pensados, la ética es un término cada vez más intangible y evolucionado, al hombrelight con cultura de satisfacción inmediata a toda costa.

Cuán inalcanzable es, en este contexto, el legado de Jesucristo, empatía pura y compromiso inquebrantable con las necesidades ajenas. Ese que vacía la fragilidad innata del hombre con la responsabilidad de alimentar el espíritu de otros. Pero muchos quitan la historia de Jesús de su mapa de vida o justifican sus acciones ante Él culpando a otros. El asunto es no ver las consecuencias, para no sufrir la responsabilidad de sus actos, todo es relativo, ante la demanda de un público que quiere saber, la primicia, unrating seductor o un aporte inexistente a la sociedad.

Mensajeros de violencia. Voceros de NBC argumentan en su defensa que solo mostraron una pequeña parte del video y que la razón de hacerlo fue para ayudar al público a entender los motivos de un joven común convertido en asesino.

Una vez más, el relativismo entra en juego y la indiferencia a las consecuencias gana la batalla. ¿Acaso existe una razón para matar a 32 personas?

La policía declaró que el video del autor de la masacre de Virginia Tech podría ayudarles un poco en la investigación, pero que, en realidad, no aportaba nada que ellos no supieran. Al final, las consecuencias se expanden al mundo entero y viven. El agresor logró su objetivo al ser su imagen y su historia más reconocida que la de sus propias víctimas.

Mientras tanto, muchos reaccionan al video por medio de sus ojos vacíos, otros escuchan al profesor de ética periodística Javier Darío Restrepo, quien intenta, a través de sus charlas por Latinoamérica, llenar la mirada de sus estudiantes de empatía mientras explica: “Uno ejerce el periodismo como persona y sus cualidades como persona resultan incorporadas al quehacer periodístico, por eso es imposible construir un periodista ético si, previamente y como base permanente, no se es buena persona”.

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