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Jueves 10 de mayo, 2007 San José, Costa Rica. |
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Futbol Gustavo Jiménez M. gujimenez@nacion.com Lo dijo el director técnico rojinegro Álvaro Solano. Después lo ratificó su colega Jeaustin Campos: este equipo Alajuelense que llega a la final del Torneo de Clausura es diferente al conjunto que perdió los dos partidos decisivos en la final del Apertura. No se trata solo del cambio de entrenador (en aquel momento José Cheché Hernández era el dueño del banquillo).
La Liga se ha ido desmarcando del papel de víctima que le tocó interpretar durante casi toda la temporada. La primera parte de la campaña fue de espanto (goleadas en la Uncaf, la Copa Suramericana y paso incierto en el torneo local), aunque siempre lograron llegar a la final del Apertura porque los duelos decisivos entre Alajuelense y Saprissa forman parte de algún mandato divino que resulta imposible de contradecir. En el Clausura se prolongó la época de vacas flacas, cuyo pináculo estuvo en la goleada 0-3 ante Saprissa el 17 de marzo. A partir de ahí comenzó la transfiguración: diez partidos seguidos sin perder (siete de ellos victorias manudas), con 19 goles a favor y cinco en contra en ese lapso. Detrás de tal repunte está la mano de jugadores como Víctor Núñez (cuatro goles en estos partidos, incluyendo el valioso doblete en Puntarenas), pero sobre todo de Carlos Hernández, quien despachó seis goles y ocho asistencias desde aquel clásico. Tanto se revalorizaron las acciones del Zorro en el club manudo, que el cuerpo técnico decidió retrasar 24 horas este primer partido para darle tiempo a recuperarse de una lesión, al igual que al zaguero Harold Wallace. Ahora todo hace indicar que ambos superaron sus contratiempos médicos y serán de la partida en este round inicial. Paso a paso. Luego de eliminar a Puntarenas, Álvaro Solano aseguró que no pueden ponerse a hacer cálculos sobre la segunda serie sin haber derrotado primero a Saprissa en este primer duelo. “Ni siquiera puedo pensar ahora en el partido del otro domingo, tenemos que ir un paso a la vez”, aseguró el estratega. Y es que para los manudos el camino hacia el título es más complicado: deben obtener primero el cetro del Clausura para luego vencer a los tibaseños en una segunda serie. Es decir, doble victoria en el lapso de apenas dos semanas. Ahí es donde cobra fuerza la idea de no desesperarse por los peldaños más lejanos. El pasado reciente (los diez partidos sin perder) parecen certificar el buen estado de salud deportiva que atraviesan los rojinegros. Sin embargo, esto de los números siempre es susceptible de manipulaciones. Tal y como decía el exprimer ministro inglés Benjamin Disraeli, hay tres clases de mentiras: las mentiras grandes, las mentiras pequeñas y las estadísticas. Por ello, el plantel erizo prefirió olvidarse de los datos, sobre todo de los que no les convienen (llevan nueve clásicos sin ganar) para concentrarse en construir una realidad nueva esta noche. De acuerdo con Wílmer López, volante manudo, la única ventaja real para esta noche es que jugarán en casa. Porque fallar hoy significa nadar contra corriente de visita, en el Saprissa. Un reto mayúsculo.
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