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Comentario del evangelio: Amor efectivo Se inicia el retorno de Jesús al Padre y se anuncia la “hora”. Una serie de expresiones acerca de la inminente glorificación del Señor se agrupan en el texto de este domingo pascual dentro de la dinámica de este mes de mayo, mes mariano por excelencia. Jesús ha glorificado a Dios cumpliendo al dedillo con el encargo de su Padre. Eso queda claro y se asocia con otro punto: lo que está por ocurrir. Hechos tan decisivos se acercan que el Señor llama a los suyos teknia (pequeños míos) e inicia un diálogo con los que tiene cercanos de cara a comenzar una despedida casi urgente. Y es así como llegamos al mandamiento del amor. Jesús plantea ese elemento como criterio de salvación y de conocimiento de Dios. La entrega de Jesús se explica sólo desde la dinámica de ese amor y se trata de una comunión que implica vivir conforme a un estilo de vida que requiere de la asunción libre y consciente de una serie de principios decisivos y obligatorios. Ahora, este es un mandamiento “nuevo”, como se dice. Esa novedad la da el hecho de que no depende de los mandamientos acerca del amor que encontramos en la tradición judía. Su gran novedad es que se fundamenta en Cristo mismo y en su entrega. Un hecho único y una entrega que aún no acaba, es lo que da sustento a esta manera inédita de comprender el amor. Este mandato es una marca de distinción para el cristiano de todos los tiempos. Un mandato, además, integral. “Amor a Dios y amor al prójimo –escribe Benedicto XVI en Deus caritas est – se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios” (n.16). La larga tradición de caridad y promoción de la Iglesia con respecto a los más urgidos, habla por ella misma de la eficacia de esa simbiosis característica del amor cristiano. “El amor al prójimo –sigue Benedicto XVI– enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es también para toda la comunidad eclesial, y esto en todas sus dimensiones: desde la comunidad local a la Iglesia particular, hasta abarcar a la Iglesia universal en su totalidad” (n.20). Desde el rol de Cáritas en el mundo, pasando por Adveniat, AIN, la Fundación Populorum Progressio , CRS y cada pastoral social nacional o diocesana, la Iglesia se prodiga en el mundo a favor de los más urgidos. Pasando de demagógicos discursos y de discusiones eternas en parlamentos u organismos internacionales, le Iglesia sabe estar presente. Pero claro, no como una ONG más, sino como la comunidad fundada por Jesús y que debe ser fiel a su mandamiento nuevo. Mauricio Víquez Lizano, pbro.
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