 La lluvia no evita los botellones
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MADRID (AFP) -
Las calles de Madrid viven los fines de semana largas reuniones de centenares de jóvenes en las aceras para beber y conversar al aire libre, pese a una restrictiva ley puesta en vigor en 2002 y mientras los vecinos se lamentan que no pueden dormir en toda la noche.
"Las modalidades del 'botellón' han cambiado pero no han desaparecido, los jóvenes siguen siendo tantos como antes", lamenta José Carlos Nicolau, presidente de la Asociación de vecinos del barrio Justicia, punto de gran concentración de estos bebedores al aire libre.
Los vecinos habían recibido con cierta esperanza la ley aprobada en 2002, que prohíbe el consumo de alcohol en la calle y la venta de bebidas alcoholizadas después de las 22H00 locales con el objetivo de terminar con su calvario.
Pero los jóvenes persisten. El acceso a las plazas está cerrado. Entonces se lanzaron a ocupar las calles adyacentes para beber vino y alcohol barato mezclado con gaseosas, muchas veces hasta bien entrada la madrugada o durante las horas nocturnas previas a irse de discotecas.
El 1 y 2 de mayo pasados, la tensión entre los jóvenes bebedores callejeros y la policía llegó a cotas altas. En los alrededores de la plaza del Dos de Mayo, en el centro de la capital, se produjeron violentos enfrentamientos que terminaron con unos 50 heridos entre jóvenes y policía.
Los policías "se han pasado", denuncia Saúl, un madrileño de 20 años, habitual del 'botellón', fenómeno extendido por toda España.
"El dos de mayo siempre ha sido fiesta aquí en la Plaza Dos de Mayo y siempre se ha podido beber", dice refiriéndose a la plazoleta que honra la sublevación de los madrileños contra las tropas napoleónicas, esa fecha de 1808 y después fue centro de la "movida madrileña" tras la muerte de Franco en 1975.
La alcaldía dice haber actuado de manera "adecuada" ante personas que "quebrantan las normas". A menos de un mes de las elecciones municipales, el alcalde conservador candidato a la reelección, Alberto Ruiz Gallardón, dijo que su único objetivo era "la seguridad de los ciudadanos".
"Promesas! no son mas que promesas! Cada fin de semana es lo mismo", dice José Carlos Nicolau, que denuncia la falta de controles policiales en las calles en las que se dan cita los del 'botellón'.
"Estamos hartos de los malos olores y restos de botellón en nuestros portales", por no hablar del "ruido insoportable durante la noche".
Muchos de los habitantes del barrio se mudaron. Otros se desplazan los fines de semana, con sus colchones, a la parte trasera de la vivienda, "hasta en las cocinas", sostiene Nicolau, que también denuncia actos de vandalismo.
El viernes pasado, tres días después de los enfrentamientos, la policía municipal desplegó decenas de agentes y vehículos por las calles del barrio más frecuentadas y sólo escasos jóvenes se animaron a beber al aire libre.
De tal forma que sentados en un banco público, Saúl y dos amigos, Pablo y Juanmi, se niegan a renunciar a su pasatiempo favorito y beben discretamente vigilando las idas y venidas de los policías.
"Sale más barato beber que en otros sitios y como somos estudiantes y no trabajamos...", explica Saúl. "Y el buen tiempo acompaña el botellón", añade.
"Claro que nos gustaría hacer botellón en casa, pero vivimos con nuestros padres", como la mayoría de los estudiantes españoles, por lo que "es imposible", se lamenta Juanmi, de 21 años.
¿La solución?. Según los vecinos, hay que "habilitar zonas y proponer actividades adaptadas a lo que gusta a los jóvenes" o habilitar, como en Córdoba o Granada (Andalucía, sur), los 'botellódromos', zonas específicas para beber, alejadas del centro de la ciudad.
"¿Meternos allí como animales?", critican en cambio Saúl y sus amigos que no quieren escuchar ni hablar de una propuesta semejante.
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