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/LA NACIÓN

¿Votar “no” sin haber leído?

La lectura y el estudio son fundamentales para la formación de criterio y toma de decisiones

Janina del Vecchio U.


Hace pocos días, un político publicó en la prensa un artículo según el cual se justificaba oponerse al TLC sin leerlo, con un razonamiento simplista: no hace falta leerMein Kampf para rechazar la ideología nazi, de la misma forma que no hace falta leer el TLC para rechazarlo por inconveniente, con base en seis argumentos:

“Mostrar urgencia en un trato hace perder poder de negociación”. Costa Rica tiene urgencia de tener aliados para un desarrollo sostenible, centrado en las personas y en la atracción de empleo. La urgencia no es buena ni mala; no tiene mucho sentido decir que el Tratado es malo porque urge aprobarlo, lo que ocurre es que los plazos están prácticamente vencidos y no hemos cumplido con el calendario. Y el TLC es una oportunidad para dejar reglas claras en el ámbito comercial y en la atracción de inversiones, en beneficio del país y su gente.

“El TLC no se ajusta a nuestras particularidades históricas”. ¿A cuáles? ¿A la de tener una línea pobreza de aproximadamente el 20% desde hace más de 30 años? ¿A la de talar en 20 años casi un tercio de nuestra riqueza forestal según el tradicional denuncio de baldíos, o la de recuperar esa riqueza en otro tanto de tiempo con políticas novedosas y bien encaminadas? ¿A depender de los monocultivos y exportar solo materia prima sin elaborar? Aquella no es más que una frase vacía con pretensiones de efectistas.

“La apertura comercial no es la ruta para el desarrollo”. La agenda de desarrollo no puede ser un tratado comercial. Pero no siendo el TLC la ruta para el desarrollo, sí es un importante instrumento para la atracción de empresas que generen empleo, para garantizar las condiciones claras para la exportación o importación, en fin, para consolidar una situación de hecho, como es el intercambio comercial entre dos socios que, con seguridad jurídica, puedan a partir de su aprobación tener el panorama claro de las reglas del intercambio comercial.

“El caso de México”. Si a México le fue tan mal con el TLC, ¿por qué no lo ha denunciado? En todo caso, leyendo la historia sabemos que México ha sido una sociedad de latifundio, de contrastes sociales extremos en todo tiempo y desde siempre, y no a partir del NAFTA.

“¿Quién paga?” –la “campaña” a favor del TLC–. El COMEX con recursos públicos, con los impuestos que pagamos todos y se hizo porque los opositores han propagado muchas falacias que confunden a la opinión pública en relación con un proyecto que el entonces candidato presidencial Óscar Arias anunció como prioritario y que ya Presidente incluyó como prioritario en el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010.

“Don Óscar Arias no debatió sobre el TLC”, afirma el político. El candidato Óscar Arias nunca ocultó a los electores que apoyaba el TLC y lo consideraba necesario para el país. Y lo discutió y analizó con diversos grupos, aunque no con el político articulista que hoy dice que no hace falta leerlo para oponerse. ¿Es ese el debate de altura y seriedad que quería tener?

Más aún: el documento del TLC estuvo a disposición de todas las personas en la versión electrónica en la página de Comex y en la de algunos diarios y otros sitios web. ¿Desde cuándo el parámetro o criterio de valoración o de aporte al desarrollo nacional de un proyecto tiene que ver con si es debatido o no en la campaña electoral por dos personas específicas?

El referéndum consultivo sobre el TLC obliga a leer, a debatir y formarse opinión para votar. La lectura y el estudio deben ser el fundamento principal de la formación de criterio y de la toma de decisiones en las democracias.

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