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Al Grano Édgar Espinoza eespinoza@nacion.com Visitar Ad Astra, la planta en Liberia, Guanacaste, donde Franklin Chang desarrolla el motor de plasma que nos llevará a Marte, es ir a soñar un poco. Y a eso fui. La travesía desde San José fue de 230 km y la hice en cuatro horas (de regreso, en seis), o sea, a la velocidad promedio de unos 58 km/h de acuerdo con las condiciones del camino (filas de furgones) y del chofer, que era yo. Si en vez de a Ad Astra hubiera querido ir a la Estación Espacial Internacional en una de sus pasadas sobre Costa Rica, a unos 350 km de altura, mi carrito hubiera tardado poco más de seis horas en llegar a su órbita (si viajara directamente hacia arriba, lo cual no es posible), pero la estación ya no estaría allí; habría dado unas cuatro vueltas alrededor de la Tierra. Si para ir a la Luna, que está a unas 30 Tierras de distancia de nosotros, los astronautas de las misiones Apolo tardaban unos cuatro días, a la velocidad de mi chunchito necesitaría 275 días. ¡Imagine, entonces, lo que tardaría yo a Marte, que aparece no muy brillante al amanecer en la constelación Capricornio y a 1,95 unidades astronómicas de la Tierra, o sea, a 292 millones de kilómetros! A pesar de que el viaje no se puede hacer en línea recta, demoraría (sin tráficos en la vía) como 575 años. Esa es la razón por la que se necesitan un vehículo más veloz, una mejor fuente de energía y un traje de astronauta. Las últimas sondas como las que pusieron en suelo marciano los carritos robotSpirit yOpportunity tardaron unos siete meses en hacer el viaje desde la Tierra hasta Marte. Sin embargo, uno de los grandes desafíos del viaje hasta allá para seres vivos es la fuerte radiación a la que estarían expuestos durante una travesía tan larga en una nave con poco blindaje para que no sea muy pesada. Por eso, la meta de los constructores del motor de plasma es reducir ese tiempo a la mitad, de tres a cuatro meses, valiéndose, desde luego, de la fecha de un buen acercamiento de Marte a la Tierra. ¡Quién hubiera imaginado hace poco que Liberia, tierra de morenas encendidas y soles ruborizados, sería algún día protagonista de ese hito espacial! El día que visité Ad Astra, más que construir el motor de plasma, sus jóvenes científicos costarricenses moldeaban la nueva era del hombre en el espacio. ¿Por qué, en medio de esa mística por ganarle tiempo al tiempo, Costa Rica sigue siendo tan lenta? ¿Diez horas de ida y vuelta a Liberia en pleno 2007? ¿30 años sin autopista a Puntarenas? ¿Una eternidad con la Circunvalación en veremos? Es hora de poner ya nuestro granito de Chang.
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