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Mi voto es por el sí

Por una inserción inteligente y competitiva en la economía internacional

Fernando Berrocal Soto
Abogado

En el referendo al que nos convocará el TSE, los costarricenses debemos respondernos dos preguntas esenciales: ¿en qué país quiero vivir y con cuál modelo de desarrollo puedo alcanzar esa Costa Rica de mis sueños?

El problema de fondo es la visión de país que cada uno tenga y no solo votar a favor o en contra de un instrumento de política comercial con los Estados Unidos, con la Comunidad Europea o con otros países. De esto se trata el debate sobre el TLC, y sobre esto es sobre lo que debemos decidir.

Acto de fe. Yo voy a votar por el sí. Mi sí es a favor de una inserción inteligente y competitiva de Costa Rica en la economía internacional. Voy a ir a las urnas a decir sí al siglo XXI, a la modernidad y al tiempo en el que vivimos. Es un acto de fe en el país y en los costarricenses. Voy a votar por el sí porque no alcanzo a entender de qué forma nos vamos a desarrollar, en lo económico y en lo social, sin inversión extranjera y sin transferencia de tecnología y conocimientos. Voy a votar por el sí porque nuestro destino nacional es más, mucho más, que exportar café, piña, melones y bananos. Voy a decir sí a la Costa Rica en la que, además, se fabrica el 30% de los microchips de la computadoras que hacen funcionar el mundo que antes, en mi juventud, era ancho y ajeno y que ahora es una pequeña aldea global que mis hijos disfrutan desde la casa. Voy a decir sí porque quiero muchos INTEL más en Costa Rica y porque me maravilla y asombra que este pequeño país de todos nosotros exporte hoy software , talento y sistemas. En ese país creo y no solo en el país del pasado.

Sobre esta Costa Rica vamos a decidir: la de un Guanacaste de grandes fincas y poderosas familias dedicadas a la ganadería de engorde o la de una provincia en pleno desarrollo, abierta al mundo, competitiva, con inversiones y empleo en turismo y en servicios, en la que aterrizan muchos vuelos diarios y en la que Franklin Chang investiga el plasma con el que la humanidad llegará a los otros planetas. De eso se trata el referendo.

Mi voto es por avanzar con el sí hacia el futuro y no por continuar en el pasado, aferrados a la cultura del miedo, la inacción y el no se puede. Decidamos si vamos a votar por el sí que es apertura y una economía de más servicios que es compatible con los principios de solidaridad y justicia social y que generará empleo y oportunidades en todo el país, o si vamos a votar con el no por un modelo proteccionista, superado por la realidad económica de nuestro tiempo y dominado por unos monopolios públicos ineficientes y un sindicalismo minoritario que secuestró en los últimos años al Estado. De eso se trata esta decisión.

Camino costarricense. Voy a votar por el sí, además, porque en el debate ideológico del presente, este referendo me da la oportunidad, al decir que sí, de votar en contra de la dolorosa tragicomedia cubana y de decir no, también, a los cantos de sirena petrolera del ALBA y sus paradigmas. Al decir que sí, voy a votar por un camino costarricense hacia el desarrollo, convencido que este no pasa, en el tiempo que vivimos, por especulaciones cuánticas, sino por asumir la realidad del mundo tal y como es y por potenciar con imaginación y sin dejar jamás de ser lo que somos como país y como sociedad democrática, las enormes fortalezas competitivas de Costa Rica.

Al votar por el sí, voy a votar una vez más por Óscar Arias y por su liderazgo, pero sobre todo voy a votar por el sueño compartido de hacer de Costa Rica el primer país desarrollado de Latinoamérica antes de que celebraremos, en el 2021, el bicentenario de vida independiente y republicana. Voy a decir sí a esa Costa Rica que es posible, seguro de que sí se puede y de que los universitarios y los revoltosos de aquel lejano 1968 no nos equivocamos cuando dijimos: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”. Costa Rica sí puede y esa es la razón de mi sí en el referendo.

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