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/LA NACIÓN

Los promotores de la guerra

Aunque se debiera, no parece posible que se juzgue a Bush y los suyos

Antonio Barrios Oviedo
anbarov@racsa.co.cr


Ante el muy atinado artículo del señor Mario E. Molina Valverde, “¿Y el juicio de Bush?” (Foro , 5/2/07), valga la oportunidad para explicar que no solo Bush está involucrado o debe ser juzgado en este desastre llamado “guerra contra el terrorismo”, sino, también, todo su grupo de fundamentalistas neoconservadores.

Los neoconservadores(neocons) surgieron en la década de 1960 en círculos intelectuales de EE. UU., pero se consolidaron en la década de 1980 con la llamada “revolución conservadora” de Ronald Reagan. Y con Bush padre como presidente en la década de 1990, el hoy presidente del Banco Mundial Paul Wolfowitz había organizado el financiamiento de la guerra del Golfo en 1992, emergiendo de allí el “Defense Plan Guidance”. A partir de ese plan, EE. UU. empezaría a utilizar su poder militar de forma “preventiva y unilateral”. Estas dos palabras, en su momento escandalosas, después del 11 de setiembre del 2001 (11-S) han sido de uso común por actual administración estadounidense contra Afganistán e Iraq, y con ello cobra fuerza la “doctrina de los Bush”.

Los fundamentalistas. Incluso desde 1997, algunos miembros del llamado Think Tank Group vieron la necesidad de acabar con el régimen de Iraq, con el argumento de que “cualquier país en el Medio Oriente que emerja con fines imperiales, se constituye en la mayor amenaza para Israel”. En ese sentido, surgió la carta de los 10, firmada por los fundamentalistas neoconservadores Donald Rumsfeld, John McCain, Paul Wolfowitz, Richard Perle, William Kristol, Richard Armitage, John Bolton, Douglas Feith, Edward Luttwak, y Lewis Scooter Libby, que solicitaba a Clinton una acción inmediata en Iraq. Pese a que Clinton optó más por la diplomacia que por la vía armada contra Iraq, todo cambia con el “triunfo” electoral de Bush, quien convierte a los neocons en sus cercanos colaboradores.

Es hora de que por primera vez la Corte Penal Internacional, por el bien de la humanidad, sirva de forma objetiva y juzgue a Bush y toda su urdimbre fanática neoconservadora. Primero, por conspirar y mentir respecto al régimen iraquí y distorsionar información sobre las armas de exterminio masivo; segundo, por ordenar una guerra ilegal y violar el Derecho internacional y; tercero, por destruir un país (Iraq) y provocar la muerte de miles de iraquíes.

Los acusados son Donald Rumsfeld, exsecretario de Defensa; Dick Cheney y su corrupta red llamada Halliburton; Richard Perle, consejero político y militar en el Pentágono; Paul Wolfowitz, exsubsecretario de Defensa, quien declaró a los diarios alemanesDer Spiegel yDie Welt que las armas de destrucción masiva fueron una excusa burocrática para obtener el apoyo de la comunidad internacional en la invasión a Iraq; Douglas Feith, consejero político en el Pentágono; Edward Luttwak, miembro de la Mesa Política del Pentágono. Henry Kissinger, eterno consejero de seguridad nacional del Departamento de Estado, hace tres años fue nombrado por Bush como presidente de la comisión investigadora del 11-S, con el fin de borrar cualquier “teoría de la conspiración” que hubiera involucrado al Gobierno en los atentados. Kenneth Adelman, consejero del Pentágono, odia a los árabes de tal forma que los ha catalogado de “antisemitas”, olvidando que los árabes son semitas por definición. LewisScooter Libby, antes de ser asesor de Cheney y recalcitrante promotor de la guerra en Iraq, fue abogado del espía israelí Mark Rich, quien robó información del Pentágono para sus jefes en Medio Oriente. Hoy, Libby ha sido sentenciado por perjurio en relación con la guerra en Iraq y por filtrar información de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) contra Valerie Plame, una agente de la organización.

De etiquetas y más. Elliot Abrams, nombrado de nuevo por Bush como consejero de seguridad nacional, desarrolló una guerra ilegal contra los sandinistas en la década de 1980 y no dudó en apoyar la invasión a Iraq; Robert Zoellick, hoy como subsecretario de Estado, ha propugnado la instauración de un gobierno al estilo Vichy en Iraq. David Frum, escritor de los discursos de Bush e inventor de la etiqueta “eje del mal”, amontonó todas las mentiras posibles para la invasión en Iraq; Eliot Cohen, extremista y miembro de la Mesa Política del Pentágono, ha declarado que el islam es la verdadera amenaza y no el terrorismo; James Woosley, exdirector de la CIA, inventó la relación de Sadam con el 11-S y las cartas con ántrax.

Todos estosneocons y la derecha religiosa que dominan el gobierno de Bush son tan fundamentalistas como los mismos que pretenden combatir en el Medio Oriente. El mismo pueblo estadounidense ha sido víctima del engaño de esta estirpe mesiánica, y confío plenamente sabrá hacer lo necesario en las próximas elecciones presidenciales, como mínimo para destronarlos del poder, ya que no podrán hacerlos responder por sus actos de lesa humanidad.

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