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Austeridad y obstruccionismo

Con el discurso de la austeridad y el jueguito de la galleta, se obstruye la labor legislativa

Federico Tinoco Carmona
Diputado

En “Diputados más austeros con viajes al exterior” (La Nación , 25/3/07, pág. 6 A), se me alude con ocasión de un viaje a Colombia, donde participé en una reunión latinoamericana sobre terrorismo y lavado de dinero, en mi condición de Presidente de la Comisión de Narcotráfico de la Asamblea Legislativa.

La nota dice que: “La información no incluye los viajes personales ni tampoco otras invitaciones que reciben los congresistas y en que el Congreso no incurre en gastos”.

No obstante, se me incluye a mí por ese viaje a Colombia, lo que no corresponde a la verdad ya que la Asamblea no incurrió en ningún gasto por ese motivo, como se puede corroborar del comprobante de ingresos N.° 002494 de la Tesorería del Departamento Financiero de la Asamblea. Este Diputado corrió con todos los gastos adicionales.

En aras de la austeridad, la mejor utilización de los recursos y la gobernabilidad parlamentaria, me he interesado en solicitar estudios sobre el costo de la hora parlamentaria, básicamente del plenario, la cual actualmente es de ¢743.949,09, ¢33.615.889,13 al mes.

Discursos repetidos. Si la discusión de los permisos de atraque, según el Informe del Estado de la Nación se llevó 23 sesiones, en su mayoría con disertaciones repetidas sobre el TLC, y si tomamos en cuenta que al cumplirse el año de labores un porcentaje muy alto del debate del plenario se ha ido en puros discursos repetidos contra el TLC, llegamos a la conclusión de que lo que economizamos en galletas y austeridad en viajes y uso de vehículos y teléfonos, es sencillamente ridículo respecto al altísimo costo que tiene el obstruccionismo parlamentario. Si se analizan los contenidos de esas disertaciones, el tiempo de cada uno y el costo, como lo estoy solicitando, seguramente nos quedaríamos asombrados. Merino habló 224 veces y Salom 155, según informe de Servicios Técnicos publicado en La Nación.

Naturalmente, el Parlamento es para debatir, para defender u oponerse con razones de peso sobre los temas en discusión; pero solo dentro de la lógica de llegar a acuerdos, buscar arreglos o, en definitiva, permitir que la votación se produzca. Caso diferente es cuando de antemano no se quiere ningún diálogo, no se desea ningún acuerdo sino solo prolongar, obstruir e impedir una votación.

Aquí es donde uno ve los dobles discursos éticos, que solo atinan a ver la paja en el ojo ajeno mientras tienen una viga en el propio. Lamentablemente, el PAC cae muchas veces en esa posición, sobre todo su sector más radical que lidera Alberto Salom que, al igual que don José Merino, clama por la “democracia de la calle”. ¡Pero eso no es derroche, no es abuso!

Nada de diálogo. Por supuesto, jamás podría estar de acuerdo con un concepto de austeridad que sea disminuir la calidad de los servicios parlamentarios. No podría estar de acuerdo con una reducción de los asesores especializados que tanta falta hacen para mejorar el trabajo del legislador. Reducción que se aplicó como un desarme unilateral al que de buena fe accedimos, sobre todo para facilitar un supuesto diálogo entre el PAC y el PLN, que no se ha dado, porque no es lo mismo un asesoramiento para decir no, para oponerse y obstruir que un asesoramiento para hacer cosas, para convertir en propuestas de ley y de trabajo las distintas agendas que respondan a las necesidades prioritarias de los costarricenses.

Si fuera en serio, de verdad, como gesto de buena fe para negociar y llegar a acuerdos, por supuesto que sí lo apoyaría.

Pero el jueguito de la galleta y la austeridad para obstruir no tiene el menor sentido.

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