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El privilegio de pactar José Daniel Rodríguez A. Politólogo Hace unas semanas habíamos comentado sobre el momento crucial en el que se encuentra Nicaragua con el ascenso al poder de un Partido Sandinista que se precia de remozado y con un líder que se autocataloga como más maduro, todo ello dentro del marco del Pacto Ortega-Alemán. Principalmente, nos preguntábamos sí se marcaría un alto a la impunidad reinante en el vecino país. Casi al unísono de lo anterior, la última acción gubernamental, esta vez por parte del Sistema Penitenciario Nacional (dependiente directo del Ejecutivo, recordemos eso), nos sorprende (¿o no?) con la noticia del momento: Arnoldo Alemán ahora tendrá su país por cárcel. Según su propio criterio, va a recorrer el país para promover “la unidad y luchar por los pobres”; así de claro, así de simple, así de impune, pero, eso sí, muy conveniente, como lo catalogó el jurista García Quintero, “es el caso más oprobioso en la historia del derecho en Nicaragua”. ¿Conveniente para quién?, ¿quiénes se benefician con este acto? En esta gran obra, comenzada en tiempos de Bolaños, la justicia es solo un espectador más, jamás el tomador de decisiones, papel que corresponde a Daniel Ortega, quien sabe que, mientras tenga bajo su mando el futuro del expresidente, la bancada del PLC no osará estropearle ninguno de sus ambiciosos planes, “gemelos” de los de Hugo Chávez según sus propias palabras, ya que es más que conocida la notable fidelidad de los diputados liberales al gran caudillo Alemán Lacayo. Enlaces y controles. Todo es tan perfecto que asusta. ¿Quién podría siquiera alzarle la voz a Ortega cuando no posee mayor oposición, siendo minoría en el Congreso, en tanto mueva hábilmente la cuerda que lo ata con Alemán y con una bancada de la Alianza Liberal Nicaragüense que no puede hacer mucho más que quejarse? ¿Quién pensaría en devolverlo a la cárcel cuando la Corte Suprema de Nicaragua es controlada por magistrados sandinistas y liberales, fruto de un pacto que está dando grandes réditos, funciona tan cohesionadamente que ya hasta se dividieron por partes iguales la Fiscalía? ¿Qué sigue? Definitivamente no es aún el final de esta gran historia. Ortega y Alemán darán más de que hablar, solo falta un paso más antes de dejar libre al expresidente. No diré qué; no quiero aguar el final. Diré únicamente que no nos extrañemos de que en un país donde, en este momento, no existe la reelección consecutiva, vayamos a tener a un Ortega por mucho más rato...
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