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/ LA NACIÓN

Indicador de calidad en salud

El índice de mortalidad infantil es el más sensible en salud comunitaria

María L. Ávila Agüero
Ministra de Salud

El cambio en las cifras de mortalidad infantil (MI) es el producto de una serie de acciones dentro y fuera del sector salud, emprendidas por diferentes gobiernos y en diferentes épocas.

El interés de la humanidad por cuantificar el evento de la muerte, se remonta a la Inglaterra del siglo XVII. Diferentes autores llamaban la atención de que la mayoría de las defunciones ocurrían en individuos menores de 5 años y que estas muertes estaban en estrecha relación con la pobreza y las condiciones ambientales desfavorables.

En las postrimerías del siglo XIX, la tasa de mortalidad infantil sustituye a la tasa cruda de mortalidad como indicador de salud y bienestar social, y en 1880 se acepta universalmente la definición de MI. Posteriormente, esta tasa se considera el índice más sensible de salud comunitaria, eficiencia económica y bienestar social colectivo.

Enormes avances. Los progresos en la lucha contra la MI en Costa Rica han sido enormes. La tasa, en el periodo de 1990 al 2006 ha descendido de 14,8 a 9,72 por mil nacidos vivos. Las causas de la MI en nuestro medio corresponden a las afecciones originadas en el periodo perinatal, que concentran el 48% del total de defunciones de menores de un año. En segundo lugar, se registran las malformaciones congénitas con el 35%. Este patrón se ha mantenido constante en los últimos años.

En el mundo, las causas de muertes durante el primer año de vida son diversas, relacionadas con problemas en el ambiente, en la infraestructura socioeconómica y sanitaria de la sociedad, con aspectos biológicos individuales, de la salud en general, de la salud sexual y reproductiva en particular. Para mantener tasas bajas de MI, es necesario un entorno sociocultural en la que las responsabilidades familiar, comunitaria y social tengan un papel preponderante.

El acceso a agua potable, a vivienda digna, al saneamiento ambiental, en especial el manejo y disposición final de los residuos sólidos, a la alimentación adecuada y a la educación son premisas de la salud y de la reducción de la MI de manera sostenible. El acceso universal a los servicios de salud con calidad, equidad y oportunidad ejerce influencia indiscutible en el comportamiento del indicador.

La oportunidad de ejercer sexualidad responsable, controlando con información adecuada el número de hijos y el momento del embarazo, el recibir atención prenatal calificada, la institucionalización del parto, el fomento de la puericultura y los programas de vacunación actualizados son derechos básicos de todos los seres humanos, que deben ser garantizados por las autoridades de salud.

Humanismo evidente. Las transformaciones dentro del sistema sanitario tienen como denominador común el desarrollo socioeconómico y cultural de la nación. Sin embargo, el énfasis está en la prioridad que la sociedad y el Estado dan a la salud infantil. Lo cual es, sin duda, el resultado de una política de gobierno impregnada de humanismo.

Las principales causas de mortalidad infantil en el mundo no son las afecciones perinatales sino la pobreza y la miseria, producto de la desigualdad en la repartición de la riqueza, en el discriminado acceso a la paz, a la nutrición, a la educación y a los servicios básicos de salud. Por suerte en Costa Rica fomentamos la paz, la educación y la salud. El reto presente y futuro es ser capaces de definir políticas claras y permanentes que sigan siendo orientadas hacia los grupos más vulnerables, que podamos con la estrategia de la promoción de la salud, convertir a la salud en una cultura de vida y apostar por trabajar sobre los determinantes sociales de la salud. Con ello seguiremos gozando de los altos índices de salud que nos han caracterizado.

Finalizo con una frase del poeta libanés Gibrân Jalîl: “Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños”.

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